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Entre tu y yo

Carlos Alberto Méndez: «Preguntar lo que no sabes es norma»

Entrevista al joven actor cubano de teatro, cine y televisión, quien habla de su formación, carrera y proyectos.  

Carlos Alberto Méndez se levanta cada mañana con la sensación de no alcanzarle el tiempo para hacer todo lo que desea. Para el joven actor y realizador audiovisual no existe otra forma de superar cada reto que encontrar una buena combinación entre esfuerzo y disfrute. Escribe, toma ideas de todas partes y las guarda celosamente con el sueño de tener la oportunidad de hacerlas realidad en algún momento.

Por estos días, vuelve a la pequeña pantalla con la retransmisión de la telenovela Tierras de fuego, uno de sus primeros trabajos en televisión. La entrega con la que asume cada nuevo proyecto, la destreza histriónica demostrada y ese carisma auténtico que lo caracteriza, lo han hecho merecedor del cariño y reconocimiento del público.


En el rodaje de la telenovela Tierras de fuego, con la actriz Lili Santiesteban. (Foto: Cortesía del entrevistado>

Pero, ¿quién es Carlos Alberto Méndez detrás de cámaras? El propio actor nos despeja esa interrogante:

Naciste en Santa Clara, sin embargo, en varias ocasiones has manifestado tener mayor conexión con Sancti Spíritus.

—Nací en el Reparto Universitario de la ciudad de Santa Clara. Mis padres, oriundos de Sancti Spíritus y Yaguajay, se conocieron allí; él, profesor de Química, y ella, estudiante de Ingeniería Mecánica. Dicen que me concibieron en unas vacaciones en Pinar del Río, por aquellos tiempos se podía.

«Mi personalidad se forjó con una gran variedad de ingredientes. A los dos años me llevaron en una misión diplomática a Kiev, la capital de Ucrania, donde tuve que comenzar todo de cero, desde lo más elemental. Al finalizar la misión descubrimos que la casita de Las Antillas ya no existía y ahí comenzó la segunda parte de la historia.

«Sancti Spíritus tiene su propio tiempo, es una de las ciudades más sanas del país, tranquila, tradicional, culturalmente correcta. En ella descubrí la música y se formó la mayor parte de mi carácter. La siento como mi lugar, por la familia, las amistades y la pelota».

—¿Qué te motivó a no continuar la tradición musical de tu familia y enfocarte en la actuación?

—Vengo de una familia con una larga tradición musical. Casi todos mis familiares por la parte paterna tienen algo que ver con la música o en algún momento de su vida han soñado con eso. Desde que cumplí la edad requerida ingresé en el Conservatorio Ernesto Lecuona, de Sancti Spíritus, para estudiar, primero piano, y luego guitarra. Pero resulta que yo era el «niño bomba» de la escuela. Tengo una trayectoria musical muy corta, aunque llena de historias.

«Mi hiperactividad siempre fue incompatible con la música, yo quería vivir más rápido y es muy difícil tener la conciencia necesaria para comenzar con una carrera en edades tan tempranas y emplear en ello la infancia. Todavía recuerdo un reloj rojo que siempre estaba colocado sobre el piano y dictaba mi castigo diario».

—¿Cómo llegaste a la actuación?

—Por azar. Un profesor que nos impartía clases de teatro, llamado Fernando Conde, nos avisó de los exámenes de ingreso a la Escuela Profesional de Arte Samuel Feijóo. Aquel viaje fue una euforia adolescente, una maravillosa oportunidad para compartir con mis amigos. La pasé tan bien, que mis padres me dieron una segunda oportunidad con el arte, y desde la primera vez que hice un examen sobre un escenario, supe que el tiempo no importa cuando haces algo que te gusta. 

—¿Qué significa para ti la EPA Samuel Feijóo? ¿Cómo valoras tu formación allí?

—La primera noche que dormí en la EPA —también la primera vez en hacerlo fuera de mi casa—, le metí un batazo a un cristal jugando al taco a las doce de la noche. El profesor de guardia pensó que había explotado una bomba en el albergue, con eso lo digo todo.

«Cuando el tiempo pasa, uno madura en muchos sentidos; pero la EPA siempre será como mi “Nunca Jamás”. Tengo mucho cariño guardado de esa etapa de mi vida. Fue definitoria en mi formación porque allí descubrí lo esencial, que siempre será amar y respetar lo que uno hace. El resto son las travesuras, los amigos, los buenos profesores que tuve y me supieron llevar por el camino correcto. En fin, hay muchos lindos recuerdos; no la cambiaría por ninguna otra escuela».

—¿Tu familia siempre te ha apoyado en tus decisiones?

—Mi familia es mi castillo, mi fortaleza; han estado en cada segundo que los he necesitado. No tengo ninguna historia de sacrificios y luchas por esa parte, realmente ha sido espectacular, casi perfecta, y siempre se preocuparon por formar mi opinión respecto al mundo.

«Cada meta y cada logro se ha fraguado en una energía de trabajo en equipo, de comprensión. Les agradezco, sobre todo, los momentos en los que han pensado que no tengo la razón y han permitido que me equivoque, ese también ha sido su mérito. A ellos les debo todo».


En la obra de teatro Escuadra hacia la muerte, de Alfonso Sastre, dirigida por Eduardo Eimil Calos, con otros jóvenes actores. (Foto: Cortesía del entrevistado)

—¿Cómo llegas a la universidad de las artes? ¿Qué significó para ti ese primer No que recibiste en las pruebas de ingreso al Instituto Superior de Arte (ISA)?

—Me gusta ver siempre el lado positivo de las cosas, aprender de los errores es un principio indispensable para crecer humana y profesionalmente. Ese primer fracaso quedó en mi recuerdo como una eficaz medicina contra el ego, algo común en los actores. 

«Las pruebas de ingreso, generalmente, se hacen en tres lugares del país: occidente, centro y oriente. Ese año a mi zona le correspondió en Ciego de Ávila. Muchos no conocen las interioridades de este tipo de exámenes, pero te puedo asegurar que no solo ponen a prueba el talento.

«Se presentan muchos jóvenes, de procedencia académica o no, con el deseo de alcanzar el anhelado sueño de ser actor o actriz. La presión, el cansancio, los nervios y el ego suelen ser los mayores enemigos de los aspirantes. No pasé de la primera vuelta, ese día recibí el primer gran golpe de mi vida-

«Puede sonar trascendente o melodramático, pero en ese momento ya había decidido que quería ser actor. Desde la distancia lo veo como algo útil, necesario, pues las cosas por las que uno lucha son las que más se suelen valorar, y esto sirvió para replantearme mis objetivos y comenzar a exigirme mucho más.

«Al año siguiente ya estaba viviendo en La Habana, gracias a mi primo Heber, quien me dijo: "Carly, ¡la candela es aquí!", y me acogió en su casa. Ciertamente, el desarrollo cultural y la concentración de los medios audiovisuales hace que en nuestra carrera las posibilidades de desarrollo se concentren más en la capital.

«En esa segunda ocasión lo primero que hice fue eliminar el factor presión, no le dije a nadie lo que estaba pasando con mis días. Me propuse disfrutar el examen y no pensar en el resultado. Después de dos largas y agónicas semanas, a eso de las 5:00 de la tarde, en un teléfono público que queda en el exterior de una bodega del paradero de Playa, hice una de las llamadas más felices de mi vida, para dar la noticia a mi familia de que había aprobado el ISA».

—Háblame de tu personaje Jerry en la obra El cuento del zoológico y el significado de ese papel en tu carrera como actor.

El cuento del zoológico es una obra que me fascina. Fue nuestra elección para hacer el examen de teatro psicológico de nivel medio. Creo que fue mi inicio, en ella entendí de qué se trataba realmente y lo que se siente cuando uno encarna un personaje.

«En esos ensayos perdí la noción del tiempo y el espacio, comenzamos preparando una escena y terminamos montando la obra completa. Trabajábamos a toda hora, de madrugada. Jerry se convirtió en una adicción, lo llevaba conmigo a todas partes, para ser exacto, creo que por primera vez pude sentir la magia del teatro».

—La mayoría de los actores a los que he entrevistado alegan que se sienten más a gusto haciendo teatro. ¿Qué te generan las tablas? ¿Qué obras te han marcado?

—Siempre me ha parecido injusto hacer comparaciones en ese sentido, pues cada medio tiene su vida propia y el gusto es completamente subjetivo. Yo disfruto el teatro, particularmente, porque lo considero un acto único e irrepetible. Es la magia, cuando sales al escenario es otra vida.

«En la televisión, el cine o la radio la técnica produce una relación más consciente, un proceso más elaborado y existe hasta la oportunidad de equivocarse. No hay “toma dos” para una función de teatro. La retroalimentación que se produce con el público es mucho más cálida. No sé, lo vivo de una forma diferente. 

«Mi graduación del ISA fue con una obra que me marcó definitivamente: Escuadra hacia la muerte, de Alfonso Sastre, dirigida por Eduardo Eimil, un director y amigo que ha sido muy importante en mi formación.

«No puedo dejar de mencionar Selfie, la cual no es especial solo por la acogida del público, sino porque me conectó con mi nueva familia teatral que ya hasta tiene nombre: Mitos Teatro. Un grupo de jóvenes liderados por Carlos Sarmiento, que nos hemos propuesto hacer lo que nos gusta en un espacio de creación alucinante». 

—Incursionaste en televisión en la telenovela Santa María del Porvenir. ¿Qué representó para ti estrenarte en este medio bajo la dirección de Rolando Chiong y trabajar junto a la primera actriz Eslinda Núñez, un ícono de la actuación en nuestro país?

—Cuando uno es de provincia y estudia actuación, es siempre un gran sueño llegar a la televisión. Yo había terminado mi primer año del ISA y fue muy importante porque, como bien dices, pude aprender mucho del Chino Chiong. Pararse delante de una cámara con un equipo experimentado es como perder la virginidad.


Junto a la actriz Eslinda Núñez y el director Rolando Chiong, durante el rodaje de la telenovela Santa María del Porvenir. (Foto: Cortesía del entrevistado)

«Mi primera escena nunca la voy a olvidar. El estudio estaba muy frío, los camarógrafos parecían estar en Alaska, yo temblando, y en la escena me tocaba tomarme un helado, eso sin contar los nervios. Pero, el Chino es lo más grande, yo digo que es como mi padre de los medios y le voy a estar eternamente agradecido por darme esa oportunidad.

«Trabajar con Eslinda fue un regalo, es una persona maravillosa, tuvimos una conexión especial gracias a su sencillez, su humildad y su profesionalismo. Yo, como muchos, la había idealizado; descubrirla fue también una escuela para mí. También agradezco a la facultad que me dio un voto de confianza y me permitió comenzar a trabajar sin tener que pedir licencia si mantenía mis resultados académicos».    

—La teleaudiencia te identifica con el personaje de Yoenis en Más allá del límite. ¿En qué crees radicó el éxito de esa telenovela y la aceptación con la que fue acogido tu personaje? ¿En qué se parece Carlos Alberto Méndez a Yoenis?

—Cuando uno comienza un proyecto, nunca sabe qué efecto va a causar. Yo disfruto al máximo cada trabajo y Yoenis estaba lleno de ingredientes interesantes que creo que fueron la clave. Desde mi humilde opinión, la aceptación del espacio de la telenovela está condicionada, principalmente, por la historia.

«Más allá del límite fue capaz de atrapar al público de muchas generaciones y estratos sociales. Cuando eso sucede, las personas te ven y existen más oportunidades de que tu trabajo guste. Soy muy exigente, pero en realidad quedé satisfecho con la gran acogida que tuvo mi personaje.

«Es imposible decir que Yoenis y yo no tenemos cosas en común; en la televisión, como principio, se trabaja con la imagen, pero en cuestiones de personalidad, que a la larga son las que definen un trabajo, no nos parecemos mucho».

—¿Cómo incursionaste en el cine y cuáles han sido tus principales trabajos?

—El cine me encanta, al punto que me enamoré de él y comencé a soñar con hacer películas. Mi experiencia más grande fue Café amargo, un largometraje filmado en San Pablo de Yao, en la Sierra Maestra, bajo la dirección de Rigoberto Jiménez. Una película muy sincera donde trabajé con cuatro mujeres muy talentosas que, por suerte, Rigo descubrió en el lejano oriente.

En la película Café amargo, de Rigoberto Jiménez. (Foto: Cortesía del entrevistado)

«Fue un proceso que disfruté mucho. El tiempo y la agudeza con que se trabaja en el cine hacen que cada escena sea muy valiosa, uno disfruta cada detalle y eso siempre está en el producto. Ojalá tuviéramos más cine, pues en Cuba se producen muy pocas películas para la cantidad de actores y talento que existe».

—Recientemente disfrutamos de tu actuación en un pequeño personaje en la gustada serie Lucha contra Bandidos 2. ¿Cómo fue tu experiencia en esta serie? ¿Satisfecho con el resultado?

—Me gustaba mucho la serie, la seguía como espectador en la primera temporada. Llegué un poco tarde al casting y lo que me atrapó fue la idea de trabajar con Roly Peña. Karen (la primera asistente) me llamó y dijo que era un personaje pequeño. Le contesté que me gustaba la oportunidad de conocer a Roly.

«No creo que existan personajes pequeños, pues hay roles muy grandes que tienen unos pocos minutos en pantalla. Bajo esa premisa trato de enfrentar el trabajo, y hasta ahora me ha salido bien».

—¿Cómo construyes tus personajes?

—Lo más interesante de la actuación es que cada proceso creativo se articula de una manera diferente. Con los años y los estudios uno va obteniendo herramientas que ayudan en la creación y desarrollo de los personajes, pero no estoy atado a ninguna fórmula. Cada papel es un reto y, como creador, uno tiene que reinventarse para lograr ir a zonas no exploradas. Eso es lo que trato de hacer para no repetirme.

¿Te visualizas como un joven ávido de superación, de retos, de explorar lo desconocido en el mundo del arte? ¿Cómo descubes tu vocación en la dirección de audiovisuales?

—El Instituto Superior de Arte hizo que entendiera mi función real como creador. Crecer intelectualmente es una premisa que trato de defender en mi día a día. Ese apetito por descubrir cosas nuevas y aprender me ha ayudado a encontrar otras formas de expresión. La realización audiovisual ha sido la que más he disfrutado por la libertad creativa que he experimentado desde que la obra surge como una idea, hasta su fin.  

«La vocación siempre estuvo allí, es algo que uno lleva consigo y sentí su voz desde que comencé a estudiar teatro. La oportunidad, que es diferente, llegó a través de una persona muy especial que se llama Lena y que me dio la confianza para dirigir su tesis de la Facultad de las Artes de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA).

«Después de Nitrox —un trabajo en el que considero me movió principalmente la intuición— comencé a prepararme porque sentí que dirigir era otra de las cosas que quería tener para siempre en mi vida».

—¿Cómo te definirías en una sola frase?

—Te responderé con una cita de Hagakure (obra clásica de la literatura japonesa): «Preguntar lo que ya sabes es cortés; preguntar lo que no sabes es norma». 

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