Augusto vive marcado por el dolor de las ausencias. Era apenas un adolescente cuando, tras la muerte de su madre, el padre lo abandonó y debió asumir -de manera prematura- la responsabilidad de sus hermanos. Desde entonces procuró, junto a su abuela Petra, mantener unida a la familia “Paredes”. Se convirtió en un hombre de bien, un médico de éxito y un gran padre… un referente en aquello que, lamentablemente, no había hallado antes.

A su presente “perfecto” le asecharon las sombras de un pasado inconcluso, aún sangrante; el regreso de viejos conflictos y el surgimiento de otros. Una aventura puso en jaque su matrimonio; y más allá de ello, su hogar. Había caído en lo que tanto aborrecía: los desaciertos de su padre.

“Somos seres humanos que estamos expuestos todo el tiempo a cometer errores”, asegura el actor Yohandis Aballe, quien da vida a Augusto en la telenovela cubana Los hijos de Pandora.

Para el intérprete, la esencia que marca el carácter de su personaje radica, justamente, en la incapacidad de perdonar ante un error. “A veces perdonar es muy difícil, pero cuando lo logramos, ya sea antes o después, es válido. Nos convierte en mejores personas. La falta de perdón nos ata, nos llena la existencia de amargura y resentimientos, y lo único que hace es dañarnos”, agrega.

Aballe nos ayuda a entender a Augusto, protagonista que encarna uno de los “pecados” de la caja de Pandora: el engaño. El actor enfatiza en que este nunca debe ser una opción para evadir tormentos, agobios o situaciones complejas: “La diferencia está en si continuamos engañando, lo convertimos en parte de nuestra personalidad o si nos apartamos del error por completo”, sentencia.

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De origen camagüeyano, Yohandis Aballe jamás imaginó ni se propuso ser actor de televisión. Desde los 18 años se entregó por completo a la radio y la convirtió en su casa. Trabajó durante casi dos décadas en el Grupo Dramático Nino Moncada, de Radio Cadena Agramonte, lo cual le permitió adquirir diversas técnicas y habilidades para entender la psicología de sus personajes, construirlos en tiempo récord y proyectarlos a través del micrófono.

Si bien la televisión posee otros códigos, su experiencia le ha concedido “la cancha” para aprovechar al máximo cada interpretación.

“Creo que todos los personajes tienen cierta complejidad y guardan un poquito del actor o actriz que lo interpreta; ya sea en la forma de hablar, de pensar, de expresarse…

“El personaje de Augusto es relativamente sencillo, no me llevó mucho trabajo, aunque tampoco tuve mucho tiempo para prepararlo. Al igual que en otras producciones con Fiallo, no hice casting. Me llamaron, me propusieron el papel y me dijeron `empiezas a grabar la semana que viene´”, revela entre risas.

Los hijos de Pandora es la tercera ocasión en la que el artista trabaja bajo la dirección de Ernesto Fiallo. Lo hemos visto en las telenovelas En tiempos de amar como Felo y en Vuelve a mirar interpretando a Miguelito.

Asimismo, en su quehacer destaca la participación en la serie Rompiendo el silencio y su coprotagónico en la cinta La hoja de la caleta, dirigida por Mirtha González.

“Los personajes positivos, para mí, no tienen mucho atractivo. Me gustan más los personajes característicos o de carácter como alcohólicos, o personas en determinada situación de discapacidad como fue el caso de Miguelito. Son complejos, requieren una buena preparación y los disfruto más”, afirma Aballe.

El intérprete guarda con cariño los momentos compartidos con todo el equipo durante el rodaje de la novela. Con especial detenimiento destaca su dirección y apunta: “Fiallo te deja crear y hacer, permite ser y eso para mí es fundamental. No es de los directores que repiten, queman y ´vician´ las escenas. Te da vía libre. Esa confianza director-actor es maravillosa”.

De la experiencia de interpretar a Augusto, el artista refiere la posibilidad de acercarse a un personaje con el que -si bien no comparte muchas similitudes- es capaz de comprender. 

“Él no es una mala persona, cometió un error y cuando se dio cuenta de lo que había hecho se retractó. Creo que Augusto necesitaba equivocarse. Es ese error el que le brinda la sabiduría para entender a su padre y percatarse de que debe perdonarlo”, explica.

Considera, además, que la resolución del conflicto por el que transita su personaje depende de una evolución de consciencia y eso solo puede existir de manera individual. En este sentido, añade: “Augusto tiene que enfrentar sus contradicciones, solucionarlas para ser libre. Ni siquiera para hacer libre a su padre, sino para ser libre él como ser humano”.

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Augusto es el mayor de cuatro hermanos y su nombre le hace justicia: “el que infunde, merece respeto y veneración”, como testimonian los libros romanos. En él se cumple aquel verso que reza: Errar es humano, perdonar es divino, rectificar es de sabios… 

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