Aprovechando su estancia en La Habana, Juventud Rebelde conversó con el actor brasileño José de Abreu, un gran amigo de Cuba.

Por estos días, y coincidiendo con el final de la puesta en televisión nacional de la telenovela brasileña Nuevo Sol, La Habana se precia de tener un visitante muy especial; un actor que por más de 50 años ha entregado su talento y compromiso social al teatro , la televisión y el cine de Brasil: José de Abreu.

En Cuba su rostro y singular porte son recordados nitidamente por los los televidentes, gracias a  participaciones memorables en telenovelas y series como Avenida Brasil, Señora del destino, La Muralla o Siete mujeres. En cada una de estas obras Abreu ha demostrado su conocimiento cabal del oficio del actor, su destreza para encarnar personajes tipos y la disciplina que nunca le debe faltar a un intérprete.

Pero Abreu es mucho más que los villanos o los hombres de dudosa moral –como el Dodó de Nuevo Sol– que le hemos visto interpretar. En el actor hay un hombre comprometido con su país y las causas sociales más justas; un gran amigo de Cuba que no duda en regresar una y otra vez, por los fuertes nexos culturales entre ambos países y por la calidez y amor que le demuestran siempre los cubanos.

1Abreu inició su carrera en la Universidad Católica de Sao Paulo, donde ingresó a estudiar Derecho. En dicha facultad se vinculó al conjunto teatral  TUCA (Teatro de la Pontificia Universidad Católica de Sao Paulo), donde participó en el montaje y puesta en escena de Muerte y Vida Severina, obra que narra las dificultades que enfrentaban los nordestinos antes de la presidencia de Lula, incluyendo la escasez de agua y alimentos. El éxito de la puesta significó para Abreu la confirmación de que la actuación, el teatro y la denuncia social a través del arte eran los senderos por los que debía transitar.  

Luego de eta primera y definitoria experiencia en las tablas, José de Abreu enfrentó las dificultades de la dictadura militar en Brasil. Fue arrestado dos veces durante esos años, en gran medida por ser integrante del TUCA, que era a todas luces una agrupación teatral universitaria de izquierda. Esto lo llevó a exiliarse en Europa después del Acto Institucional 5, en diciembre de 1968; un golpe dentro del golpe que radicalizó la dictadura hacia la extrema derecha, con torturas y asesinatos.

El exilio lo obligó a vivir en París, Londres, Amsterdam y Grecia. Al regresar a Brasil, Abreu se estableció en Río Grande del Sur donde reestableció paulatinamente su carrera como actor. En 1980, realizó la película La intrusa, inspirada en un cuento de Jorge Luis Borges, ganando varios premios en el país. Tal reconocimiento por parte del gremio actoral lo llevó a ser contratado por la cadena de televisión Rede Globo ese mismo año, escalando paulatinamente en participaciones y personajes más relevantes.

Aprovechando su estancia en La Habana, Juventud Rebelde conversó con este gran amigo de Cuba para conocer a profundidad particularidades de su carrera, sus principales inquietudes artísticas y el largo camino transitado en más de cinco décadas como actor profesional. Su elocuencia y gran habilidad oratoria nos abrió las puertas de una vida intensa, llena de historias y caminos transitados.

En esta nueva visita a Cuba, que ha coincidido con el final de la telenovela Nuevo Sol, ¿cómo ha sentido la acogida de los cubanos?

—Es una locura. Siempre que vengo sucede lo mismo. El pueblo cubano es muy aficionado a las telenovelas brasileñas, las cuales han sido las producciones extranjeras más arraigadas desde los años 80. Aquí me reconocen como Nilo, el «rey de la basura» de Avenida Brasil, que creo es el personaje más recordado acá en Cuba, aunque también me suelen reconocer  por mis papeles en La Muralla, La casa de las siete mujeres(conocida en Cuba como Siete mujeres), Señora del destino, Dulce Ambición, y ahora como Dodó.

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«Casualmente, esta visita a la isla coincidió con el final de Nuevo Sol. No puedo salir a la calle; realmente es difícil caminar por el centro de La Habana e incluso cuando vamos a un restaurante o en el mismo hotel, todas las personas desean tomarse una foto conmigo. Este es el día a día de un actor. Creo que lo peor en la vida de un artista es no ser conocido, así que salgo y sé que esto va a suceder. Pero lo hago con gran placer, más aún en un pueblo tan hospitalario y hermoso como el cubano».

¿Qué fue lo que más le atrajo de este personaje?

—Con este personaje ocurrió una situación singular. Dodó debía ser interpretado por un actor mayor que yo. Ya había participado en dos o tres novelas de João Emanuel Carneiro, el escritor de Avenida Brasil, que fue el mayor éxito de la historia, comparado solo con el de Roque Santeiro. Él me llamó y me dijo que debía sustituirme porque era más joven que Arlete Salles, la actriz que interpreta a Naná.

«Pensé que eso no sería un gran problema, ya que hay casos en los que el hombre es más joven que la mujer. Me fui para Europa y luego recibí la llamada del director Denis Carballo, quien me informó que João Emanuel había reconsiderado y que era un prejuicio no tomarme en cuenta para el papel. La solución estaba en el personaje de Néstor, interpretado por Francisco Cuoco, que es mayor que Arlete. Él había sido encarcelado durante la dictadura militar, momento en el que un hombre más joven (Dodó) aprovechó para acercarse a Naná, enamorarla y formar juntos la familia Falcón.

«El mayor desafío fue convertir las situaciones de esta familia en una comedia. Los actores que interpretan a mis hijos son maravillosos, los amo mucho; son personas muy interesantes y de la mejor calidad humana. Fue un gran placer trabajar con ellos».

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¿En sus visitas a Cuba ha encontrado puntos de contacto culturales entre esta isla y Brasil?

—No conozco profundamente la cultura cubana, pero sí creo que la música es un punto de conexión importante. Tanto los cubanos como los brasileños somos pueblos muy musicales. La santería y la cultura urbana también están interrelacionadas de alguna forma entre ambos países.

¿En cuántas telenovelas ha participado?

—Perdí la cuenta de las telenovelas que he hecho en los años que llevo trabajando en Globo desde noviembre de 1980. En aquel entonces, salí brevemente con Jayme Monjardim, el director de La casa de las siete mujeres, para participar en una obra llamada Pantanal con Red Titular, la cual ya no existe. Fue otro gran éxito. Sin embargo, pronto regresé a Rede Globo y desde entonces no he dejado de trabajar allí.

¿Alguna en particular lo ha marcado?

—He tenido el placer de participar en varias novelas. La casa de las siete mujeres fue una experiencia magnífica y muy intensa de la que me siento muy orgulloso. También me divertí mucho interpretando a Chico en Ti Ti Ti (1985), una comedia que ojalá pudieran ver en Cuba.

«Otro proyecto que recuerdo con cariño es la miniserie Años dorados (1986), que retrataba la época del surgimiento de la bossa nova en la música y del Cinema Novo en el cine. En ese proyecto, interpretaba a un mayor de la aeronáutica apasionado por las mujeres. En fin, disfruto mucho de todos los trabajos que he hecho y no puedo imaginar mi vida sin la actuación».

Ha mencionado que prefiere interpretar a villanos. ¿Qué es lo que le atrae de estos personajes y cómo los humaniza para darles matices únicos?

—Creo que los villanos tienen un lado que puede ser bueno. A diferencia de lo que llamamos galanes, que siempre hacen el bien y nunca el mal, los villanos muestran momentos en los que son más humanos. Los protagonistas son muy rectos, hacen la misma cosa siempre, tienen que estar siempre limpios, el pelo perfecto, los villanos no.

Ahora que Rede Globo está apostando por hacer remake de sus grandes éxitos, ¿le gustaría volver a formar parte de alguna telenovela en específico?

—Creo que los remakes pueden ser buenos cuando dan resultado. Eso ha sucedido con Pantanal, donde Bruno Luperi, el nieto de su creador Ruy Barbosa, está creciendo y mostrando muchas cualidades, como su abuelo.

«No sé, por ejemplo, si tal vez en veinte años van a hacer un remake de Avenida Brasil, como ocurrió con Pantanal. Nunca pensé en querer hacer eso. Mi interés radica en que la televisión sea una industria que ofrezca variedad, pero no tengo el control sobre los papeles que se asignan. Normalmente, es el director quien decide. Si me ofrecen un papel interesante, lo considero porque creo que todos los roles pueden aportar algo.

«Hay un dicho popular en Brasil que dice que no existen papeles pequeños, solo actores que pueden convertir un papel pequeño en una gran actuación. Me interesa participar si la propuesta es atractiva, pero no busco específicamente ciertos roles».

̶¿Cuál ha sido el momento más memorable de su carrera como actor?

—Uno de los momentos más memorables de mi carrera fue en el teatro con El beso de la mujer araña. Su autor, Manuel Puig era un escritor argentino que decidió vivir en Brasil, y un amigo suyo tuvo la idea de adaptar la historia romántica a una obra teatral. Tuve la suerte de interpretar a un joven revolucionario llamado Valentín.

«La obra fue un gran éxito en Río de Janeiro, Sao Paulo y otras ciudades. Fue durante esta época que Globo me contrató. Esta obra teatral y la película La intrusa fueron un punto crucial en mi carrera, más allá de las telenovelas que realizaba para Globo, que eran transmitidas en horarios menos destacados como las de las seis de la tarde, con una audiencia más limitada. Después de esto, me convertí en un actor reconocido a nivel nacional con un buen nivel artístico».

̶¿Qué consejos le daría a los actores jóvenes que están comenzando en la industria?

—Es difícil lograr combinar talento, dedicación, profesionalismo y suerte. Creo que la suerte juega un papel crucial en todo aspecto de la vida, pero especialmente en la industria artística: televisión, cine y teatro. Depende del director y el guionista pensar en ti para un personaje; no estoy seguro de cómo funciona exactamente, pero he conocido a muchos actores y actrices talentosos que desaparecieron a pesar de tener talento, dedicación y profesionalismo.

«La carrera artística requiere una buena dosis de suerte además de ser profesional. En la industria, como en la Globo, por ejemplo, no hay lugar para el divismo o estrellato al estilo de Hollywood. Esta mentalidad existe en Brasil desde hace muchos años. Uno debe llegar preparado, con sus líneas memorizadas y ser altamente profesional.

«Los actores que participan en telenovelas deben tener un nivel de profesionalismo muy alto, ya que trabajan largas jornadas de lunes a sábado, de ocho a diez horas diarias, y tienen que memorizar una cantidad inmensa de contenido. La industria es muy exigente; todo debe estar listo y las escenas se graban rápidamente, a veces veinte o treinta al día. En última instancia, aunque se trabaje duro y se sea profesional, se necesita algo de suerte para que todo funcione».

̶¿Qué proyectos futuros tiene en mente?

—Uno de mis próximos proyectos es el remontaje de un musical italiano llamado Los saltimbancos -en español-. No estoy seguro si llegó aquí a Cuba, pero fue traducido por Chico Buarque. Se lanzó en Brasil en los años setenta como un álbum de vinilo. Es un musical infantil muy interesante, inspirado en el cuento de Los músicos de Bremen. Estoy emocionado de remontar este musical en julio con un nuevo elenco. Originalmente participé en este musical en 1977 y repetiré el mismo personaje con otros actores. Esperamos crear un gran espectáculo para niños, algo que es escaso en Brasil.

«También he adquirido los derechos de la obra teatral La Ballena, la cual inspiró la película que le valió un Óscar al estadounidense Brendan Fraser como mejor actor. Es un personaje muy corpulento, con unos trescientos kilos, por lo que estamos explorando cómo lograr esta hazaña, ya que no hay muchas opciones en el teatro para un personaje así.

«Además, estamos interesados en retomar Dos gardenias para el próximo año, un ambicioso proyecto que incluirá dos producciones teatrales y una cinematográfica. En cuanto a la televisión, no tengo nada previsto actualmente.

Después de tantos años en la profesión, ¿qué lo inspira a seguir actuando?

—Lo que me inspira a seguir actuando es la convicción de que un artista nunca se retira realmente. Tengo 78 años y actúo desde los 20; no pienso en detenerme mientras tenga salud. Quiero actuar hasta el final. Es difícil para los actores, especialmente cuando ya no reciben tantas invitaciones, pero siempre hay alternativas como producir teatro o desarrollar proyectos propios.

De esta manera José de Abreu reafirma una máxima que debe prevalecer en cualquier actor, venga de donde venga: su capacidad para reinventarse, su cero temor a los riesgos profesionales y la certeza de que el camino de un artista «no termina hasta que se termina».

Ojalá el recordado Nilo de Avenida Brasil o el desfachatado Dodó de la recién finalizada Nuevo sol, siga visitando esta tierra que le quiere le agradece y lo acogerá siempre como un hijo más.

 

 

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