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Protagonistas

Aniversario 70 de la Televisión Cubana: Dr.C José Rubiera, Dr.C Manuel Calviño, MsC Miguel Ángel Hernández

  El 24 de Octubre la televisión cumple 70 años. El portal presenta a tres   de  sus protagonistas

 

DrC  JOSÉ RUBIERA: 

(Doctorado en Ciencias Geográficas, vicepresidente del Comité de Huracanes de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en la Región IV (América del Norte, Centro América y Caribe), Doctor Honoris Causa en Ciencias Físicas, Orden del Mérito Civil (otorgada en España), todos referidos a su trabajo como investigador,  el Dr Jose Rubiera sobre todo  la confianza en los partes meteorológicos en Cuba. Un científico comunicador  popular) 

-Desde 1981 usted es un comunicador radial y televisivo ¿Qué características  debe  tener un meteorólogo para ofrecer el parte del  tiempo? 

-l meteorólogo quizás necesita también algo adicional, que es difícil de explicar. Cuando yo me puse por primera vez ante la cámara de televisión, iniciando la información meteorológica ofrecida por un meteorólogo (en el medio televisivo), era un programa en vivo, el NTV, en 1981. Pero me sentí normal y hablé muy fluidamente, venía  un frente frío y había que explicar. Como expresé antes, me sentí  normal, a pesar del cambio del ambiente habitual, cámaras, micrófonos,  luces y muchas personas alrededor. Recuerdo que Manolo

Ortega me dijo al terminar: «tú tienes ángel». No comprendía qué me quería decir exactamente; quizás con los años que han pasado  todavía me cuesta trabajo entender algo que uno lleva de manera  natural y te hace entendible y comunicativo». 

¿Qué siente al ser el meteorólogo confiable para la audiencia,  como sucedió con el huracán Irma?

–Una inmensa responsabilidad sobre los hombros y también la inmensa  satisfacción de trabajar para la gente el tiempo que sea necesario.

Se dice que el calor en La Habana ha sido superior este año que en Santiago de Cuba, Holguín y Las Tunas ¿es cierto?

–Esta pregunta quizás sea un poco larga de responder. Y aquí merece  hablarse de la sensación térmica, que guarda relación también  con parte de la pregunta anterior. La temperatura que sentimos en nuestro cuerpo, la sensación de temperatura, de calor o frío, depende de los mecanismos fisiológicos para que la temperatura corporal  no sobrepase determinado valor. El mecanismo regulador es el  sudor. Y, junto a la temperatura real que da el termómetro, están la humedad y la velocidad del viento.

De forma que si hay una temperatura en el termómetro de 32 °C y  la humedad es muy alta, usted suda, pero el sudor no se evapora, se queda “pegado”. Al no evaporarse, usted se cubre de sudor. Cuando  este no se evapora, su cuerpo no puede refrescarse. Es su cuerpo el

que le debe ceder calor al sudor para que este se evapore. Al no poder  hacerlo, por la saturación que provoca la alta humedad, tampoco  usted puede refrescarse, la sensación que siente es muy desagradable, como de agobio. La sensación térmica sería la equivalente a que usted estuviera en un ambiente de 41 °C.

Para refrescarse, tiene que quitar la capa húmeda saturada que rodea a su cuerpo y con ello se incrementa la posibilidad de evaporación,  el cuerpo cede calor al sudor para que se evapore y usted siente una sensación de fresco. Es lo que ocurre al situarse junto a un ventilador, que permite que se vaya la capa saturada, se incrementa la  evaporación y se siente el alivio. 

En La Habana, el viento viene del ENE (este noroeste), cargado  de humedad que viene del mar; en Santiago de Cuba, ese viento  predominante viene del aire que traspasa la costa norte, pero sube las montañas, disminuye la humedad y llega desde la tierra a esa ciudad.

Por tanto, tiene menos humedad y la sensación térmica puede  ser mucho menor entonces. Como buena noticia, voy a añadir que nuestro calor no mata a nadie, pues se evapora poco, usted se cubre  de humedad e instintivamente toma agua.

En países continentales es otra la historia, como pasa en Europa,  por ejemplo, en Francia o España. Ahí se da el llamado golpe de calor, que es el fenómeno que se produce cuando hay olas de calor, o  sea, aire muy seco del Sahara que llega con altísimas temperaturas.

Hay 40 °C o más, aunque se siente calor, no hay sudor, porque este  se evapora instantáneamente debido al ambiente de aire seco. Las  personas no se dan cuenta de esto, pierden constantemente agua  del cuerpo y sobreviene entonces el golpe de calor, con muerte por  ataque cardiaco. Esto ocurre principalmente en personas mayores,  cuyo mecanismo de termorregulación funciona ya mal, pero, en ciertas condiciones, puede ocurrirle a cualquiera. En Francia, en el 2010, hubo 15 000 muertes por uno de estos eventos». 

 DrC MANUEL CALVIÑO 

(Con un doctorado en la Universidad Estatal de Moscú Lomonosov,

de 1977 a 1981, en la Facultad de Psicología, tuvo de tutor a una

de las figuras más relevantes de la psicología soviética, Alekcei Nikolaievich  Leontiev y  Manuel Calviño nos  visita  una vez a la semana por medio  del televisor  en  su estelar Vale la pena. Desde la pandemia ha aparecido en otros espacios) 

¿Llegaste a la música por alguna tradición familiar o por el embullo  del estudiante universitario de meterse en el grupo Moncada? 

–Mi vínculo con la música tiene larga historia. Siendo muy pequeño, en primer grado, mis padres me regalaron una pequeña guitarra  de juguete, de solo 4 cuerdas, y yo lograba sacar melodías y acompañamientos,  incluso hacerlo en actividades escolares en mi escuela. 

-¿Cuándo decidiste ser psicólogo? ¿Es cierto que algún profesor tuvo que ver en que te “empecinaras” en esa carrera? 

–Mi decisión de ser psicólogo tiene dos vertientes: una reactiva- adolescente, otra familiar-influyente. Mi paso por la nocturnidad del Cabaret trajo como consecuencia la “repitencia” del último año del preuniversitario. No debería decirlo, pero lo cierto es que no me quejo. A veces pienso que las instituciones hacen un marcaje de la vida demasiado lineal, solo con tramas y no con subtramas, y la vida, pienso yo, no se somete al postulado según el cual “la menor distancia entre dos puntos es el segmento de recta que los une”. La vida es  también los otros caminos, incluso los senderos y salirse del camino, el paso adelante y el paso atrás, en fin…

«Creo en que las cosas ocurren cuando tienen que ocurrir. Podemos  presionarlas un poco, pero ellas tienen su tiempo, y con ese tiempo hay que dialogar. Bueno, el caso es que (para mi bien, esto  sería mejor no decirlo, por aquello del mal ejemplo), repetí el 12 grado. 

Terminado el curso, llegó el momento de hacer la «elección de carrera». Me encontraba sentado en el aula que más me gustaba del pre del Vedado –el Parque «Mariana Grajales»– y la directora se me acercó y me preguntó qué carrera pensaba estudiar. Entonces le devolví la pregunta: “¿Cuáles son las carreras de requisitos especiales?”. 

Debo decir que su pregunta llevaba un tono de tipo: “tú no vas a lograr ni entrar, ni mantenerte en una carrera universitaria”, por eso  mi respuesta-pregunta fue un poco desafiante, incluso petulante.

Entre las carreras que mencionó ella estaba Psicología. Y ahí, sin dudarlo, como eso que viene del fondo del alma, como si estuviera allí  guardado durante años (como el amor de Florentino Ariza), le dije: “Esa es mi carrera: Psicología”. Esta es la causa reactiva-adolescente. 

»Cuando fui a la entrevista, tuve mi primer insight (decimos los  psicólogos para referirnos a darme cuenta, tomar consciencia repentina). Me preguntaban insistentemente qué había leído de Psicología. Yo respondía con una y otra obra contundente (obras escogidas de Freud, Karen Horney, Sullivan, Fenichel, Ana Freud, todos  dentro de la vertiente psicoanalítica). Años después, el que llevaba la voz directiva en la entrevista me confesó que ellos pensaban que yo

mentía (claro, con mi precedente de cabaret, podía parecer no muy creíble). Me preguntaron hasta la Casa Editorial del libro, cómo era la carátula (evidentemente pensaron que yo mentía). 

Pero era absolutamente cierto, hasta yo mismo lo estaba descubriendo.  Había leído mucho de psicología. Me gustaba leer esas obras. Las disfrutaba, aprendía. Para mí no era psicología, era la vida, mirar a la vida, entender la vida, entenderme a mí mismo, entender a  las personas… ¿Y por qué era esto posible? ¿De dónde habían salido  estos libros? De la biblioteca de mi padre. 

¿Qué tiempo llevas en Vale la pena? 

–Para usar cifras cerradas, en febrero del próximo año (ya quiero que pase este 2020 lo más rápido posible) cumplo 30 años al aire. Es un número grande, especialmente si pensamos en un programa que, como te dije alguna vez, no es un programa, pero se fue convirtiendo

en eso, en algo que las personas “programan”. Cuando digo 30 años, ¡hasta a mí mismo me cuesta creerlo! 

¿Cuáles requisitos exige ese programa para que tenga una buena cantidad de televidentes durante tantos años? 

–Parto de algo que aprendí, sobre todo aprehendí con Vale la pena. Al cubano le gusta la reflexión, disfruta el filosofar sobre de la vida, construir sus puntos de vista, disfruta los actos inteligentes. Somos personas dadas al pensamiento, más allá de también ser extrovertidas,

activas, en este sentido, ejecutoras. Cuando las personas me  paran en la calle o me escriben, no solo me agradecen el trabajo, las reflexiones, sobre todo me dan sus criterios, sus puntos de vista, construyen sus argumentaciones, sus narrativas.

No somos pasivos receptores de información, de ideas, de argumentos. Los cubanos, me incluyo obviamente, somos constructores de argumentos, agentes activos en la construcción de ideas. Yo estoy convencido de que este es un primer elemento de atracción para los  televidentes. Son “actores” y “guionistas” del programa, escuchan, procesan y elaboran, primero en el breve espacio que estamos juntos cuando sale al aire el programa, y luego cuando conversan en casa o en el trabajo, con las amistades, sobre el tema tratado.

Otra cosa muy importante es la cercanía con la vida misma, con la cotidianidad, “lo que pasa en la calle”. Ese vínculo directo con la realidad, sin formalismos. Ese partir de la vivencia, del acontecimiento. El camino va de la realidad al pensamiento, para volver a la realidad con una opción de pensarla, para dialogar con otras opciones posibles. Mi estilo comunicacional siempre ha sido considerando como básicas la transparencia y la autenticidad. Las personas saben, sienten, perciben que digo lo que sé desde mi formación profesional, lo que siento, creo y de lo que estoy convencido, lo que hace avanzar hacia el bienestar, la felicidad, el bien vivir. Soy un comunicador transparente. Y mi compromiso esencial es con el bienestar de las cubanas y los cubanos. 

Eres psicólogo y debes tener tus pacientes ¿Cuántos has adquirido por la pantalla? 

–Muchos. Incluso más de los puedo y debo atender. Obviamente “la pantalla” tiene un halo de valor añadido, implica una visualización de la profesionalidad, que promueve la selección de las personas, digo, si lo haces medianamente bien. Y es ahí que uno tiene que ser muy profesional para no caer en respuestas inadecuadas. 

¿Cómo se ha preparado Manuel Calviño para la cuarentena cada vez que abre los ojos? 

–Buena parte de lo que hacemos o no en este tiempo de aislamiento depende de lo que hacíamos antes de él. Difícilmente, no imposible, pero difícilmente quien no leía antes del aislamiento encontrará  en la lectura una forma de cubrir el tiempo extra en casa. Lo mismo

para cualquier otra actividad, incluida la actividad física. 

En los mensajes que vemos por la tele los deportistas hacen deporte, los bailarines bailan, los músicos hacen música. El problema es cuando no podemos hacer lo que hacíamos, o cuando tenemos un extratiempo que no puede ser llenado solamente con lo que hacíamos antes. Yo trabajo mucho. Tengo muchos proyectos pendientes, e intento hacer avanzar algunos. Pero me he entregado bastante, desde la casa (soy población vulnerable: mayor de 65, hipertenso, resistente  a la insulina… le sumaría hiperactivo) a las acciones de apoyo y orientación en la batalla contra el coronavirus y sus efectos nocivos.

¿Qué sucede cuando pierdes la paciencia? ¿Tienes algún psicólogo?

–Perder la paciencia no es algo que me sucede mucho, ni poco… soy bastante controlado. He llegado a serlo. Y cuando pierdo la paciencia es por más ansias de hacer que impaciencia. Creo que mi gran psicólogo (por favor, no nos quites la “p”) ha sido Vale la Pena. Yo mismo me he subido el listón. Pensando junto a las personas, accionando desde la vida compartida, buscando en las fuentes inagotables de mi ciencia matriz, la Psicología, Vale la pena me ha hecho una mejor persona; por lo tanto, recomiendo el programa. No voy a ocultar que algún que otro tema ha tenido que ver conmigo mismo. Igual mi psicólogo casi siempre ¡soy yo! Soy muy dado a mi autoanálisis personal. Aunque no tengo reparo alguno en consultar a algún colega si lo necesitara. Eso sí, tengo mis “insinuadores” que me remiten a “mi psicólogo”, es decir, que me dicen: “Piensa bien lo que estás haciendo, o diciendo… analízalo”.

Lo que no te haya preguntado y desees decir.

–Agradezco a la vida por muchas cosas. La lista no es corta, pero, sin duda alguna, una de ellas es haberme abierto el camino hasta Vale la pena.

MsC MIGUEL ÁNGEL HERNÁNDEZ 

(El MsC. Ing. Miguel Ángel Hernández Martínez   es uno de los meteorólogos más carismáticos  de los que trabajan para el sistema de la radio y la TV. Su información científica  la sabe transmitir, tanto en radio como en televisión) 

-¿Cuándo te decides a hacerte meteorólogo? ¿En que lugar estudiaste y cuando te graduaste? 

-La  meteorología fue la carrera que me tocó en la boleta, había tratado de clasificar para Ingeniería Industrial, pero no resultó. No te puedo decir que soñaba con eso, llegó y eso fue lo que estudié, gracias al sistema de educación que teníamos, que había para escoger carreras. Soñaba con ser piloto, no pasé el chequeo físico, después opté por arquitectura: no me dieron los puntos para eso. Así que tuve que conformarme con la opción de Meteorología, que pensé sería una licenciatura y resulto ser una ingeniería también, muy difícil así que tuve que  estudiar mucha matemática, física, química que las odio, y en ruso, o sea me fui a la antigua Unión Soviética, a la república de Ucrania, en la ciudad de Odessa, en el Instituto Hidrometeorológico de Odessa. Había que ser ingeniero, para que mis padres tuvieran un universitario más en la familia. Y te digo una cosa estoy agradecido y soy de los pocos de mi generación, que hoy hace lo que estudió, yo me siento realizado en ese sentido, incluso cuando hablo con rusos o de otras nacionalidades,  que estudiaron conmigo en Odessa, y les digo que soy uno de los Chef Meteorologist de Cuba, meteorólogo operacional para pronosticar Huracanes, se quedan impresionados de lo que he avanzado y muy complacidos a la vez. Me gradué en el año 1988 

-¿Recuerdas tu primer parte como meteorólogo? 

-Mira mi primer parte como meteorólogo, considero que fue estando en la Isla de la Juventud en el año 1996, cuando la Isla fue azotada por el huracán Lili, que fue mi primera prueba de fuego. Era el meteorólogo principal en la Isla de la Juventud, tenía un equipo muy bueno, conformado por Edgardo Soler Torres mi segundo, Julia o Yuyi como le decíamos, Damaris Noa y Aleida Cardoso Infante que eran las auxiliares. 

-¿Has pasado algún curso de locución? 

-Si he pasado cursos, le agradezco a los profesores de la Escuela de Locución, en especial a Luis Alarcón Santana, Idania Martínez Grandales y José Luís Basulto, que son los que más trabajo han pasado conmigo. Pero todos los profesionales de la palabra se muestran muy complacidos de ayudarme, tengo muchos problemas de pereza al articular, y dificultades al pronunciar norte y tarde; soy habanero y eso lo dice todo, hasta Asseneth  Rodríguez me dio muchos consejos, el profe Martell donde quiera que me ve me habla, Serrano también ha tenido palabras reconfortantes para mi y mi manera de hacerlo en la televisión; mi amigo Nápoles y Rodobaldo guajiros como yo, Mariuska que dice que soy su meteorólogo particular; todos de una manera o de otra trabajan porque seamos mejores, hasta los locutores del deportivo me han aconsejado y ni hablar de Moraima Ruiz, un látigo en el mejor sentido de la palabra. Marino Luzardo, Magdiel Pérez, Pedro Martínez Arcos, amigos que se ocupan siempre de educarnos al ser hablantes en la locución. 

-¿Qué día te paraste por primera vez ante una cámara? 

-Ante una cámara me pare ni sé cuando, tú sabes eso pasa y ya, pudo haber sido a finales de 1991. La primera vez fue en la Isla de la Juventud, la directora de televisión Elena Corujo, fue quien me llevo a la televisión. Ahí lo que hacíamos era hablar sobre pronósticos extendidos, por ejemplo los fines de año con Susana y Miriam, que eran las presentadoras habituales, no se hacia la televisión diaria como aquí. Recuerdo haber hecho documentales, entrevistas televisivas. Ahora ya si hacen la presentación diaria del pronóstico para la Isla de la Juventud. Pero estábamos en pleno Período especial cuando me fui a la Isla y todo estaba al mínimo. 

Pero a la televisión Nacional llegué en Agosto del 2005, debido a que Armando Lima Ojitos se enfermó y después falleció, era mi amigo personal y tremendo profesional, tenía un gran skill como meteorólogo operacional, y me ayudo mucho a pronosticar y a presentar el tiempo. Me une un cariño tremendo a sus hijos Leitik y Lioman, ya profesionales los dos y a su esposa Paula. Fue un duro golpe su pérdida y tuve que cubrir esa vacante en la Revista Buenos Días, donde estuve hasta el 2012, el primero de abril del 2012 comenzamos a hacerlo al mediodía, hasta estos momentos. 

-¿Qué se necesita para ofrecer una peligrosa situación meteorológica y convencer a los televidentes? 

Primero estar tú convencido de lo que vas a decir, no tener contradicciones con lo que te envían para presentar, y ser lo más coloquial posible, no buscar términos rebuscados, ni nada de tecnicismos, además no asustar sino convencer del peligro que se nos avecina, y utilizar las palabras adecuadas en el momento que lo lleva, no malgastar. Cada situación lleva sus palabras claves, para que las personas fijen los conceptos y cuando tú le digas por ejemplo tendremos el azote directo de un huracán, sepan lo que hay que hacer, porque ya comprenden lo que se le ha dicho. Yo tengo un problema: gesticulo demasiado, me cuesta mucho no hacerlo, porque soy así, y a veces cuando trato de no hacerlo me parece que no convenzo. El problema es que uno se para ahí a defender a su gente del peligro que viene y eso es difícil de transmitirlo sin sentirlo, por eso hay que estar muy concentrado en el problema que vamos a enfrentar y no divagar, la gente necesita las cosas claras, para entenderlas mejor. 

-Tu actuación es muy natural. Me recuerdas a Lima ¿te fijaste en cómo él lo hacía? 

-Me lo han dicho en la calle, a veces hasta yo mismo me sorprendo haciendo algún gesto en el que al hacerlo me recuerda a Lima. Fuimos grandes amigos, yo le tenía mucho afecto, además era igual que yo jaranero y jovial con todos, guajiros campechanos como nos dice Julita Osendi. La gente a veces me dice que si yo era familia de él, cosas así, por el parecido a la hora de hacer la presentación. Pero lo que si yo aprendí de él es a no montar un personaje en la presentación y ser otro en la calle, yo soy el mismo donde quiera, como lo era Ojitos, así yo lo conocí, el se llamaba Armando Lima Ojitos, pero nosotros le decíamos Ojitos. Y de bromear, pero también de ponerse serio si hacía falta, y siempre explicando el porqué de las cosas, era de mucho detalle y muy bueno pronosticando. 

¿Qué es lo más difícil a la hora de ofrecer un parte? 

    Lo que hay que decir y que la gente entienda, además de no atropellar al presentar la información. Algunos productores y directores te presionan con el tiempo de la presentación, es increíble, eso te lo pone más difícil, porque por una parte te dicen que hay que informar y por la otra te dicen que el tienes que hacerlo en poco tiempo, encima de eso uno tiene que organizar ideas, trabajar con la memoria, porque yo no leo telepromter como los locutores o presentadores de las noticias culturales, de las internacionales, nosotros vamos a memoria, y yo por ejemplo, que tengo problemas para articular, mira cuantas cosas tengo que tener en mente. Pero te voy a ser sincero yo disfruto hacer la presentación del tiempo, me parece un complemento a mi trabajo., ahora lo que sí es difícil para mí, es llegar a la televisión, ese proceso de afeitarme diariamente, busca una ropa que sea adecuada, fájate con el transporte y llegar a la televisión en tiempo eso es lo más difícil. Como lo es también para mi amigo el cirujano que opera a corazón abierto y va en bicicleta al trabajo y después tiene que sentarse a calmarse para poder entrar al salón, así mismo llego yo a veces, tengo que calmarme y relajarme y disfrutar lo que voy a hacer sin importar los demonios que se me atraviesan en el día a día.

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