Cartelera de la TV Cubana

Protagonistas

ALDEN KNIGHT, FERNANDO ECHAVARRÍA, DENYS RAMOS, LUIS SILVA protagonistas de la TV Cubana

 

 ALDEN KNIGHT 

(Dueño de una de las risas más lindas de la televisión cubana, Charles Alden Knight James, (Alden Knight), es un camagüeyano que ha incursionado en todos los medios. Pero en la declamación  es inigualable. Merecedor de las medallas Alejo Carpentier y Nicolás Guillén, del Escudo de la Ciudad de Sancti Spíritus, de la condecoración Espejo de Paciencia de Camagüey, la   Réplica del Machete de Máximo Gómez y el Premio Nacional de Televisión (quizás se me olvide algún lauro) tiene quizás el premio más apetecido: el respeto del público y de sus compañeros de trabajo.) 

-¿Qué recuerdas de tu Camagüey natal? ¿Fue tu primera infancia en un poblado de jamaiquinos? 

-Ni de jamaiquinos ni de jamaicanos. Era, y es, un pueblito muy "a lo cubano", sin una gran colonia de inmigrantes, aunque si había. En Bartle, perteneciente a la provincia Oriente, donde vivían mis abuelos maternos y mi hermano mayor, era más numerosa la población anglo-caribeña. Allí había iglesias en idioma inglés, y escuelas, y sociedad angloparlantes y los etc. Ahí eran menos racistas que en la parte camagüeyana, y había más negros, cubanos y anglo caribeños. No recuerdo a haitianos, o tal vez me eran lo mismo, en mis primeros diez años.

-¿Por qué vas a dar a Guantánamo?

-En el 1945, termina la segunda guerra mundial, y la cosa se puso mala, un periodo especial capitalista, y entre otras escaseces, no había gomas ni otros accesorios para el camión que tenía mi padre, y se presentó, allá en Guantánamo Bay, Cuba, la oportunidad de trabajar, a quienes supieran inglés. Y, bueno, papá y mamá hablaban bien el inglés… 

-¿Fue la declamación tu primer acercamiento al arte? 

-Si… ante el "Gran Público" si... De niño, aunque no se vale, yo cantaba, trabajaba en obritas en ingles, decía monólogos ... Pero a los 17, ingreso en los Boy Scouts. Y en las fogatas recité y me embullaron para la radio, gané en el programa Lluvia de estrellas, me hicieron semipro, sin sueldo, pero con programa fijo, y hacía mis presentaciones remuneradas en teatros, centros nocturnos (de día, domingo en la mañana) cctos oficiales… Y me hacen un homenaje para recaudar dinero para representar a Guantánamo en La TV habanera. Vengo y gano.

-¿Cómo te haces actor?

-Yo no sé. Mira, cuando con 20 años, inmerso en mil proyectos mentales, gano en el Programa de la TV. Nos dicen a Asenneh y a mí, que nosotros actuamos, que no es la declamación habitual, y nos hacen hacer un dueto con la poesía. Y en el 59, nos llaman para formar parte del elenco dramático de la TV y La Radio. Me presenta a directores y me programan en espacios unitarios, en aventuras, y en etcéteras. Luego, y sin dejar de hacer variedades, diciendo poemas, cantando, solo o de pareja con Olga Gómez bailando y yo recitando, entonces ingreso en grupos de teatro, me fui profesionalizando en la actuación; el Sistema Stanislavki, Brecht, Piscator, (el copón divino) y de pronto soy profesor de Actuación en el ICRT, miembro de la Comisión de expertos y la de Evaluación… me invitan a ser miembro de la UNEAC.

-¿Qué significó Asenneh Rodríguez en tu vida?

-Asen-neh Ro-dri-guez LI-ZA-MA… Mi gran amiga, mi compañera de trabajo, mi maestra, mi hija, mi madre, mi hermana… siento de ella, lo que ella decía de mi..: "No es mi marido, ni mi novio, ni mi amante. Es el que más me ha querido, con eso tengo bastante."

-¿Y Nicolás Guillén?

-Cuando Nicolás era invitado a conferencias a las cuales no podía asistir, nos cuentan que decía: "Manden a Asenneh y/o a "ese otro" que trabaja con ella." Saque Ud. sus propias conclusiones, con la neurona intranquila, vale la pena, decía Marcelino Arozarena, que Guillén nos admiraba, pero no nos lo decía para no alimentar vanidades.

-Cuéntame de cinco buenos recuerdos de obras televisivas en las que has participado…

-En obras dramáticas El Manso en El viejo espigón, de Maité (Vera), dirigió Raúl Perez; Styles y Buntu en Siswe Bansi ha muerto, de Fugard, dirigió Garriga; Creonte en… ah… no recuerdo el título, dirigió Pedro Álvarez con Verónica Lynn; Cajisote y Sumbí en Las Aventuras. Athos en los tres mosqueteros. Hay más, además de los infantiles y musicales y como conductor, que me traen buenos recuerdos también

-¿Tienes malos recuerdos?

-¿De la Televisión? Sí, claro, tengo algunos malos recuerdos; pero ya no los recuerdo… o los olvidé. 

Fernando Echavarría 

(Ese Gallo de las primera y  segunda temporadas de La Otra Guerra que vale un potosí y el “galán casadero” de Destino prohibido, han sido  presentaciones recientes  de Fernando Echevarría. Todo un  buen y dosificado camaleón, a pesar

de una personalidad  que se intuye parsimoniosa.  Lo vi en el teatro en Calígula y desde entonces persigo sus personajes. Nunca olvidaré su Gago en la serie Diana de Rudy Mora) 

—¿Por qué el diseño, la pintura y la escultura?

Las artes plásticas han sido siempre una pasión para mí; apenas adolescente comencé los estudios en la Escuela Provincial de Artes Plásticas de Holguín, donde residía entonces. Definitivamente, aunque no concluí estos estudios, su influencia ha sido definitoria en todo el proceso creativo de la otra gran pasión de mi vida, la actuación; permitiéndome visualizar una imagen totalizadora de los  personajes que caracterizo.

—¿Cómo y cuándo pasas a estudiar actuación? ¿Dónde?

Cursando estudios de Artes Plásticas, mi profesor de diseño por ese entonces, Paneca, detecta aptitudes actorales y me propone hacer las pruebas de ingreso para esa especialidad, que en aquella época sólo se estudiaba en la capital; acepto, apruebo los exámenes y vengo a La Habana a estudiar. Afortunadamente, mi generación tuvo el privilegio de contar con un sólido claustro, entre otros, Raúl Eguren y los soviéticos, Nieves Laferté, Diana Fernández, Freddy Artiles y Nicolás Dorr. Egreso de la academia de nivel medio en 1976 y voy al Escambray por servicio social, donde permanezco durante 20 años, mi segunda escuela y posteriormente en 1996 vengo a trabajar al Público, bajo la dirección de Carlos Díaz, mi tercera y actual academia. Estoy convencido de que esta es una carrera donde permanentemente estamos aprendiendo, si queremos crecer, por lo que el proceso de aprendizaje es permanente, y cada espectáculo o personaje es un escalón a superar, que nos enriquece.

—¿Cuál fue tu primer trabajo como actor?

La Tierra y el Cielo, un film del ICAIC dirigido por Manuel Octavio Gómez, mientras cursaba los primeros años de actuación, y que contaba con la dirección de fotografía de Livio Delgado, a quien agradezco eternamente sus enseñanzas y amistad.

—¿Y en la televisión?

Estando en el Grupo Escambray, Corrieri crea un equipo de trabajo con los Estudios del MININT, versionando para la TV espectáculos de la compañía; el primero fue Los Novios, de Roberto Orihuela; al que le siguieron La Emboscada, etc.

—¿Todavía te “pesa” Nacho Capitán?

Los hijos nunca pesan, son un regalo; si su comportamiento o proceder en la vida es errático, debemos buscar dónde equivocamos el camino en su formación, porque ellos siempre son el resultado de nuestra labor; con los personajes, hijos entrañables para uno, sucede lo mismo. Tierra Brava me regaló infinidad de cosas; conocer y ser dirigido por una creadora de la talla de Xiomara Blanco, a quien nunca puedo agradecer lo suficiente la confianza depositada en mí; compartir escena, conocer y querer a creadores como Enrique Molina, Alina Rodríguez, Rogelio Blain, René de la Cruz, Odalis Fuentes, Almirante, Breña y Jaqueline Arenal, entre otros; por último y no menos importante, me abrió las puertas al afecto del público nacional, que ha sido extremadamente generoso conmigo; teniendo en cuenta todo ello, Nacho ha devenido en bendición, no en peso.

—¿Cómo te preparaste para la serie Diana, de Rudy Mora?

Habiendo trabajado previamente con Rudy, al que considero uno de esos realizadores excepcionales de nuestros medios, en el teleplay Escapar, sabía que una de sus premisas en el trabajo de dirección con el actor es lograr un punto de inflexión en nuestras carreras. Si bien mi proceso de acercamiento, estudio y plasmación de un rol, siempre camina por un sendero similar, partiendo de mí mismo y basado en una formación stanivslaskiana, el objeto de estudio transitó por características físico vocales muy peculiares, que llevaron al resultado que luego vieron en pantalla.

—Hiciste la dirección de actores en Vidas Cruzadas, ¿repetirías ese quehacer?

La figura del director de actores es muy usual en los medios actualmente a nivel universal; facilita el trabajo de dirección del realizador y perfila el derrotero de los intérpretes. Creo que en nuestro país, el desconocimiento de las bondades de esta especialidad por parte de muchos directores han hecho ver fantasmas donde no los hay. Partimos del hecho que es indispensable una total comunión de criterios entre el director general y el director de actores, uno no sustituye al otro, sino que nos subordinamos al director general; por lo que, previo trabajo de mesa conjunto, nuestra función allí es limpiar de hojarascas el camino, enfilar todo el elenco en un mismo género, comedia, drama, tragedia, y ayudamos a tejer la urdimbre donde se sumergirán esos personajes, dejando claro cuál será el juego de relaciones entre las contrapartidas y la forma más limpia de plasmarlo en escena.

—De Nacho Capitán al Gallo, ¿cuánto de Fernando ha ido quedando en esos y el resto de los personajes?

-Para interpretar, el actor presta su cuerpo y emociones a esos personajes, lo que implica que por muy lejano o cercano que esté de nosotros el rol, siempre hay una dosis importante de mí en cada caracterización. Los negativos ayudan a exorcizar demonios y los positivos reafirman valores; en ambos casos perseguimos marcar pautas, hacer pensar al receptor, para enriquecer esa sociedad a la que aspiramos. 

 

DENYS RAMOS

(El Lester de la excelente obra Zoológico, retransmitida por Cubavisión, y el Fabián de la telenovela actual El rostro de los días es Denys Ramos, un rostro familiar y generalmente aplaudido por la crítica y el público. No se olvida en De amores y esperanzas y tampoco en LCB: La otra guerra, además de otras propuestas televisivas. Un  joven actor que sabe lo que tiene y lo que quiere) 

-De la imitación de personajes radiales o televisivos a Yerma  ¿Cómo explicas ese salto?

–Jugar cuando eres niño es jugar, no tienes nadie que te juzgue, digamos, no tienes a nadie que te diga si una cosa está bien o mal, simplemente estás jugando y lo que estás haciendo no le importa

a nadie. Yo jugaba con otra amiga, una vecina que terminó siendo actriz también. Simplemente era el placer de sentirnos bien haciéndolo y de pronto llegar a un teatro, lo que es un teatro como tal, un tabloncillo con lunetas con personas mayores mirando a uno, con solo 10 años. Cuando estuve en el elenco de fue muy impresionante.

-A los 13 años estabas en La terraza ¿Qué te aportó?

–Luego de pasar casi tres años más o menos, de mis 10 a mis 13, sin hacer nada de teatro, sin conocer nada más, sin aprender nada, Adolfo Llauradó abrió el teatro para adolescentes. Era un taller comunitario, desde que entré tuve ese sentido de pertenencia, como mi casa, de paso, el taller quedaba al frente de mi casa. Adolfo se comportó con nosotros como si fuera nuestro padre. Fue muy recio, el taller lo impartían Llauradó y Eduardo Benítez.

Nos pusimos de acuerdo todo el grupo y decidimos llamarlo La Terraza. Entonces fue donde realmente pensé que podía tomar en serio la carrera de actor. Incluso hay un documental donde termino diciendo: «si no soy actor muero» y en realidad siempre es lo que he sentido. Creo que no hay otra profesión para mí. Hablando de esto me emociono, no hay otra profesión que haría con más amor que esta. Creo que pudiera ser cualquier cosa en el mundo, por supuesto, aunque sea barrer el piso, lo que sea lo puedo hacer con el mayor amor de este mundo, pero actuar es como mi segunda naturaleza, es una necesidad muy grande.

-¿Cuándo entras a la Escuela Nacional de Arte? ¿Qué aprehendiste allí? 

–En la Escuela Nacional de Arte (ENA) tuve muchos profesores. Algunos maestros me dijeron que no diera más clases con Adolfo, hubo quien me lo prohibía, consideraban que estar en el teatro con Adolfo no era algo bueno para mi carrera y mi aprendizaje como actor. A lo mejor trataban de protegerme de algún tipo de ego, de algún tipo de conocimiento que había adquirido durante el taller que ellos no querían que yo tuviera, sino que llegara con las manos vacías.

Yo no llegué con las manos vacías a la ENA, sino con algunos estudios ya y algunas lecturas que no tiene que haber tenido un niño con 13 o 14 años, que incluso, dentro de la academia, uno no debería tenerlas a ciertas edades. Empecé a entender más cosas cuando entré a la universidad, fue con los mismos libros. Hubo algo que sí me llamó la atención y es que cuando me prohibieron estar en el taller de Adolfo lo primero que pensé fue: todo lo prohibido es tentador. El taller de Adolfo siguió dos años más, me permitió poner en tela de juicio todo lo que aprendí. Yo sentí eso luego, cuando estuve con otros maestros como Bertha Martínez, que constantemente decía: «pongan en duda todo lo que aprenden, o pongan en duda todo lo que digo, o todo lo que leen o lo que existe.

-¿Cómo llegas a Los Villalobos? ¿Qué edad tenías? 

–A Los Villalobos (aventura) llego terminando la novela Historias de fuego, de Nohemí Cartaya. Fue mi segundo trabajo en televisión, no recuerdo si fue la misma Nohemí o algún otro director o productor, no recuerdo exactamente quien me dijo que Miguel Sosa estaba buscando actores y que si quería pasara por allá para hacer casting y me presenté. Resulta que Miguel confió en mí para hacer un personaje como el del cabo interino, que en mi vida había hecho un rol de ese tipo. En la televisión era mi segunda vez y fue emocionante saber que otro director iba a confiar en mí con tanta rapidez. Fue un casting que no voy a olvidar porque hubo mucho cariño y respeto.

-¿Qué recuerdos te trae Aquí estamos?

–Aquí estamos pues es La Ilíada y la Odisea juntas. Aquí estamos fue un trabajo para el cual tuve que pedir licencia en el Instituto Superior de Arte (ISA), donde cursaba el segundo año, y me obligaron a pedir licencia porque llevaba tres meses ausentándome a clases.

Le voy a confiar una cosa, si quiere lo publica o no, pero en esos tres meses el ISA estaba teniendo problemas con los profesores y tampoco se estaba dando clases, aun así, me mandaron a pedir licencia porque yo no estaba asistiendo. Me dediqué a todos los entrenamientos que tuve que hacer para montar el personaje de Shidartha en Aquí estamos. Lo he dicho varias veces, pero que quede constancia escrita, dábamos clases y hacíamos entrenamientos de actuación, de danza folclórica y moderna.

Recibí entrenamientos de patinaje, guitarra y también debía entrenar para tener el físico que esperaban del personaje. Eso fue lo que hice dos meses y medio. Los recuerdos de Aquí estamos son muy intensos. Todo el proceso de pregrabación y grabación de la novela creo que es una de las cosas más duras en cuanto a entrenamiento por el tiempo que duró: 13 meses en total, entre pregrabación y grabación. Y fue más bello todavía, al terminar la serie, que quedaran amistades, personas queridas, recuerdos que se guardan con la alegría y la satisfacción de haber trabajado en un proyecto tan profesional, tan dedicado, gracias a Hugo Rodríguez y Alfredo Pérez.

-Del buen Fabián o Pavel al diabólico Lester, evidentemente no te han encasillado ¿Los personajes te llegan a ti o tú los buscas como un reto a tus potencialidades?

–Realmente me hubiera gustado que viviéramos en un país que tuviera producciones abundantes, que hubiera donde uno escoger. En realidad, los actores podemos escoger si hacemos un personaje o no, a veces sí te dan la oportunidad, pero eso ocurre muy pocas veces y uno debe aprovechar en el momento que sucede, mientras te tocan personajes. He tenido la suerte que los directores, por lo general, no me han encasillado, y me han dado la posibilidad de hacer varios tipos de personajes y de crear junto a esos personajes, digamos, transformarlos físicamente. A veces en la televisión no podemos transformarnos de todas las maneras que deseamos, porque, por ejemplo, yo terminé de hacer Pavel e inmediatamente estaba haciendo otro personaje.

De Pavel a Lester el cambio increíble porque yo siempre he creído que nosotros tenemos muchas maneras de ser y no somos la misma persona en todos los momentos, ni en todas las circunstancias, ni en todos los lugares. Simplemente Pavel tiene muchas cosas de Denys Ramos o Denys Ramos tiene muchas cosas de Pavel. Lester también tiene parte de Denys y es como prestarle un pedazo de todos los colores que puede tener uno a un personaje, y ponerle otros colores que uno no tiene. El cambio entre un personaje y otro es complicado porque lo principal es que uno tiene que conocerse y saber hasta qué punto pudiera, en circunstancias determinadas, comportarse de una manera o de otra.

-¿Me señalas cinco  actores paradigmáticos de Cuba y del mundo?

–Yo admiro mucho a Luis Alberto García, lo quiero también; otro de los actores que he admirado mucho, que he querido muchísimo y estudié con él es Adolfo Llauradó, por supuesto, no puedo dejar de mencionarlo, jamás dejaría de mencionarlo. A Vicente Revuelta no lo conocí como actor, lo conocí como maestro. Igual admiro a Alexis Díaz de Villegas, Jorge Molina, Reinaldo Miravalles, Rolando Brito; del mundo, a Al Pacino, Marlon Brando, tengo unos cuantos, Roberto Benini. Hay también otros actores que son de diversas nacionalidades, ahora mismo he olvidado nombres que admiro muchísimo y que me encantan. Quiero también a muchos actores contemporáneos conmigo y he disfrutado trabajar con ellos.

¿Has pensado en dirigir?

–Sí, quiero hacerlo y, de hecho, antes de esta maldita pandemia pues estaba planificando dirigir una obra. Llegó todo esto y tuve que parar todos los ensayos, el enfrentamiento al texto y a la dinámica que quería abordar con este proyecto. Quiero hacer cosas que estuvieron dentro del estudio de actores de Teatro Estudio, de Vicente Revuelta, cosas que tuve la oportunidad de hablar con él un momento y que también conversé con Bertha Martínez y con Adolfo Llauradó en otras ocasiones de la vida, y que sería muy interesante retomar. Solo estoy esperando tener la oportunidad.

LUIS SILVA 

(El profesor universitario, amante de la Matemática, Luis Silva, es el actor cómico más popular en Cuba, sin que su decir -incisivo con problemas muy serios de la sociedad- haga la más mínima concesión a la chabacanería. Quizás sus estudios de cibernética  y de lógica le hayan permitido analizar y desmenuzar sus personajes)

—¿Es cierto que los matemáticos y cibernéticos son personas lógicas por esencia? ¿Por qué?

—Sí, es muy cierto. Raro sería que no lo fuéramos. La Matemática lleva un alto contenido de lógica. Y la computación sin ella no pudiera existir. Si a eso le sumas que cuando estudias en una facultad como la de Matemática y Computación de la Universidad de La Habana, el genial claustro te enseña a deducir, a analizar, a pensar, a aplicar la lógica, y no a aprender algoritmos de memoria, te conviertes en una persona que para todo aplica la lógica. En mi caso, fue más allá. Me quedé en la Universidad impartiendo esa asignatura: Lógica Matemática. ¡Cómo me gusta! Disfrutaba cada turno de clases con mis alumnos.

—¿Por qué te decidiste por esas ciencias desde muy joven? ¿Alguna influencia familiar?

—Ni para las ciencias ni para el humor hubo influencia familiar. Mi papá: profesor de la Escuela de Automovilismo; mi mamá y mi abuela amas de casa, aunque trabajaban la costura. Y los demás miembros de la familia se dedicaban a otras tareas, pero nada con el arte ni las ciencias. Sin embargo, desde muy niño me encantaron las Matemáticas. Tenía facilidad para ellas. Iba a muchos concursos, aunque los que ganaba eran de Español, porque también me defendía con la gramática y haciendo composiciones. Pero, de manera general, no me gustaban las asignaturas donde el contenido se aprendía de memoria o de forma mecanizada, grave error que se comete hoy en muchos centros escolares. Si me decías: esto es azul, pues yo quería saber por qué era azul y conocer los pasos que seguiste para llegar a saber que eso era azul.

—¿Cuánto hay de lógica en tu vida profesional?

—Mucho más de lo que yo me imaginé. Hasta para escribir un guión la lógica está presente. Los monólogos son una serie de chistes que tienen un orden lógico. Siempre me han dicho, y hasta yo mismo me creí, que lo que estudié (la computación) y el humor, nada tenían que ver. Pero gracias al fuerte entrenamiento de pensar, calcular y deducir que realizas en esa carrera, pues hacer humor se convierte en parte de tus teoremas Ves más allá del simple chiste. Ves su estructura, su esqueleto. Le buscas la “contrapelusa”…

—Te paraste frente al público siendo niño; no has estudiado actuación, ¿cómo rompiste el miedo a hacer el ridículo?

—Ese miedo nunca se rompe. En cada presentación, en cada escena que grabas, tienes ese miedo al ridículo. Ese temor a no quedar bien, a que te salgan mal las cosas, a que al espectador no le agrade algo que hagas. La primera vez que me paré ante un público era muy niño, estaba en el Círculo Infantil y me pusieron a bailar y cantar. Pero casi no lo recuerdo. Ya con doce años me puse a hacer imitaciones de profesores, delante de toda la escuela. Estaba muy nervioso, pero fue tanta la risa que dio, que eso me cautivó y me dio fuerzas para seguir probándome en el arte de hacer reír.

—El surgimiento de Pánfilo parece haber sido una necesidad, ¿cómo ha ido creciendo?

—Por aquellos tiempos yo sentía que no tenía imagen de humorista, que no tenía cara de cómico. No sé cómo es la imagen de un humorista, ni me lo preguntes, ja ja, pero sentía que mi cara, mi aspecto físico era el de un estudiante común y corriente, y no servía para dar gracia. Por eso quise inventar un personaje muy lejos de mí. Con mucha más edad, con un estilo propio al caminar, lleno de jorobas, canoso, con pelos en la cara, tenis rotos, pantalones encaramados hasta el ombligo. Así mismo hice. Y me salió bien. De hecho, lo reconozco, soy mucho más simpático y ocurrente cuando estoy encarnando a Pánfilo que como Luis Silva. Creo que la diferencia es abismal. Por supuesto, a partir de entonces el personaje comenzó a crecer, a adquirir cada vez más características de los ancianos. Me dediqué más a estudiarlos en las calles, en los estanquillos de periódicos, los bancos (¡cómo se llenan los bancos de viejitos!), la bodega, etc. La hoja de vida de Pánfilo no es la misma hoy que hace diez años. Su historia también ha crecido.

—¿Cuánto ha influido Vivir del cuento en el desarrollo de Pánfilo?

—Por supuesto que Vivir del cuento ha sido el terreno que le ha propiciado un gran desarrollo a este personaje. Del 2008 hasta hoy, ya son cinco años. Durante ese período Pánfilo se ha enriquecido (no financieramente). Las propias situaciones del programa, sus guiones, los enredos en los que se meten los personajes, pues han fortalecido a Pánfilo. Han surgido historias vividas, que aunque no se cuenten al espectador, Pánfilo las lleva dentro, y le brindan una psicología al personaje que lo hace tan real como indestructible a la hora de reaccionar o de improvisar en cualquier escena.

—¿Es Pánfilo totalmente libre al decir sus opiniones? ¿Cómo lo logras?

—Totalmente libre. Pánfilo ha dado su opinión sobre temas tan sencillos como de otros tan candentes. No hay tema duro o difícil que se le resista a Pánfilo. Y esto no es solo un logro mío, sino de todo el colectivo del programa. Cada mensaje que va a transmitir Pánfilo se estudia mucho, se analiza, se divide en sílabas si hace falta. Se le busca las posibles interpretaciones que pueda tener. Si puede provocar o no algún malentendido.

Para eso utilizamos herramientas inherentes al humor, como el doble sentido, el cambio brusco de ritmo, la sutileza, la sorpresa, las transiciones cortadas y sobre todo un fuerte uso de la lengua española y su tan rica gramática. Hemos sido capaces de ‘jugar con candela’, de tocar temas impensables en un programa humorístico de la Televisión Cubana. Hemos hecho chistes con las antenas (todo el mundo sabe cuáles antenas), con las escaseces, con el éxodo al extranjero, etc. Pero todo de una manera fina, bien hilvanada. Yo diría que dibujada a mano.

—Junto al humorista ha ido creciendo el conductor, ¿sueñas con hacer algo especial en esta compleja rama televisiva?

—Efectivamente, me encanta la conducción. Trato de hacerlo de la manera más natural posible. Sé acomodarme a la ficha técnica de cada programa. Si me piden solemne, pues solemne. Si me piden una conducción informal, pues informal. Por ejemplo, la conducción de Lucas la catalogo como seria, con pinceladas (más bien brochazos) de humor, sutilezas y desenfado. Me encanta llevar el hilo de las galas de los Premios Lucas, porque son muy variadas, tienes muchas temáticas que tocar y están siempre abarrotadas de un público que espera el más mínimo chistecito en mis palabras.

Hay muchos conductores jóvenes y buenos, pero todavía la televisión necesita que algunos rompan el ‘encartonamiento’, la falta de ritmo y naturalidad. Eso te aleja del espectador. Desearía hacer un programa de entrevistas, música, humor, bromas, etc. La Televisión Cubana ya me lo ha propuesto, pero ahora mismo no puedo. Sería desvestir un santo para vestir a otro. Por ahora no debo abandonar las dos cosas que estoy haciendo: Vivir del cuento y Lucas.

—¿Qué ha significado la televisión en tu vida?

—La televisión ha sido lo más grande para mí. Yo pasaba por delante del ICRT, miraba hacia adentro y me decía: “Si algún día yo pudiera hacer algún programa allá adentro”. Y se me dio. Y he tenido la oportunidad de pasar por varios programas: musicales, carteleras, infantiles, humorísticos, etc.

Tu humor camina por lo respetuoso y huye de la chabacanería, ¿te resulta fácil hacer cabaret? ¿Por qué?

—El cabaret tiene otros códigos diferentes al teatro y la televisión. Pero no es un monstruo al que hay que tenerle miedo. Lo que no se puede es subestimar al que está sentado allí. El público se educa. Y aunque tenga sus traguitos de más, hay que respetarlo, porque te sabe valorar. Quizás tengas que modificar algo de tu discurso (más elaborado para el teatro). Pero mi humor jamás ha dependido de las malas palabras ni de la burla a los presentes (aunque hay momentos donde una “buena” mala palabra es lo que va). Pero lograr risas a partir del uso indiscriminado de ellas es un total facilismo y, más allá del facilismo, es falta de preparación del artista, es poca cultura, escasez de herramientas para obtener hilaridad. “Lo otro es tener sentido común y estudiar rápidamente el público que tienes delante. Hay que saber que en un cabaret, a la una de la mañana, no te puedes poner a leer un poema humorístico que tú harías, con mucho éxito, en una peña de la facultad equis de la Universidad de La Habana. No podemos engañarnos. Personalmente, me siento cómodo haciendo el cabaret. No más que el teatro y la televisión, pero lo he estudiado y me he adaptado.

—El humor empezó para ti como un pasatiempo, ¿qué es hoy?

—Por mucho tiempo fue mi pasatiempo. Cuando era estudiante dejaba turnos de clases en la Universidad para ir a actuar en las peñas de otras facultades (Psicología, Derecho, Biología). Espero que mis ex profesores no lean esto, ja ja. Pero después del Festival Aquelarre del 2001, donde el “Monólogo del pan” se llevó varios premios, el humor dejó de ser pasatiempo y se fue convirtiendo en mi trabajo y mi vida diaria. Hoy me duele no ejercer la carrera que estudié. Me encanta la programación de software, las bases de datos, las Matemáticas… Pero no me daba el tiempo. La vida misma me obligó a escoger..

—¿Cuáles son los defectos del humor cubano hoy?

—No son muchos pero los hay, es mi punto de vista. Respeto a todo el que se atreve a realizar esta tarea. Pienso que hay un poco de falta de dominio de la teoría de la comedia en algunos exponentes del género. También se confunde el concepto de humorista con el de persona simpática o graciosa. Y hay gente así, muy graciosa por naturaleza, pero se paran ante un público y muestran poca elaboración de sus textos, falta de preparación, poco dominio del lenguaje y hasta dicción pésima. Se trata de hacer reír, pero en serio.

“Lo otro grave que afecta al humor cubano son dos o tres ‘personajes’ anónimos, léase productores o buscadores de trabajo, falsos directores artísticos (mi respeto para los que hacen esta labor como es) que solo piensan en el dinero, y en cualquier municipio de Cuba te buscan un cine o una tarima, y llevan a cualquier tipo de humorista (no importa cuán baja o alta sea su calidad y no importa si hacen humor grosero delante de niños). El objetivo es que se llene el lugar y ganar dinero”.

—¿Y sus virtudes?

—El humor cubano de hoy tiene muchas virtudes. Pero la más importante es la de hacernos reír, no de nuestras propias dificultades, sino con nuestras propias dificultades. Es muy heterogéneo, atrevido, crítico, sugerente… El Centro Promotor del Humor ha sido capaz de reunir a muy buenos humoristas de todo el país y funciona como un filtro de lo bien hecho en este campo. Defiende el teatro, el humor inteligente, de pensamiento. Por suerte existen los Omar Franco, los Churrisco, Otto Ortiz, Kike Quiñones, El Bacán de la Vida, Antolín, y muchos otros que son mis amigos, pero se hace muy grande la lista.

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