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Como en los sueños de un niño

«He tenido la suerte de dirigir historias que reflejan la vida cotidiana de los cubanos», dijo a este diario el director general de telenovelas Ernesto Fiallo

«El mundo se divide entre los que saben contar historias y los que no», es una verdad «garciamarquiana» escrita en el libro La bendita manía de contar y una sentencia mucho más compleja cuando el mismo autor explica su «sentido más amplio». Imposible estar más de acuerdo. Al final de cada día, la vida es la historia que contamos.

En el audiovisual, donde el mundo es una productiva fábrica de ficciones y realidades, subsiste el director

general, una especie de fabricante-narrador que construye la historia desde terceras voces. Principio y fin en una cadena donde el relato de otros se vuelve suyo una vez que decide armar el rompecabezas.

«Partes de tu imaginación, comienzas a leer el guion y a recrear la puesta en escena. Piensas en el actor para cada personaje, en las mejores locaciones. Estás presente en todas las etapas del proceso, desde la selección del reparto, hasta la edición del contenido. Trabajas con los especialistas buscando una visión personal de la obra. Estás en cada detalle, en la fotografía, la luz, el vestuario…», dice Ernesto Fiallo, uno de los directores más fértiles de la televisión cubana, quien conoce muy bien las implicaciones de ser omnipresente en toda la gestión del proceso.

A cargo de los elementos creativos y técnicos, lleva la agenda y organiza el equipo. Es un líder natural, un
conciliador que no puede perder el enfoque. Un artista en toda regla que debe, además, hacer cuentas y calcular presupuestos. «Estudié en la Escuela Nacional de Instructores de Teatro, junto a una generación de actores y directores que hoy están activos en nuestros medios.

«Hace 30 años que a mis manos llegó una pequeña cámara Bolex de 16 mm. Amigos que amábamos el cine comenzamos a soñar con la complicidad de Fernando Pérez, que nos traía del Icaic trozos de película para que hiciéramos las nuestras».

—¿Cómo descubrió que podía orquestar un espacio televisivo?

―Varios lugares aportaron a mi formación: la escuela de cine, los cineclubs… Estuve dos años en Colombia como guionista de Radio Cadena Nacional de Televisión junto a un gran director, Carlos Mayolo. En 2000 empecé como asistente de dirección. Integré
proyectos muy interesantes con Jorge Alonso Padilla. Hice Réquiem por Yarini, teleplays con Armando Arencibia. Hasta que Ivo Herrera me llamó para trabajar en Salir de noche, y el productor Luis Orlando Fernández me propuso dirigir algunas escenas de la segunda unidad. Ahí empezó mi camino como director. Después de Historias de fuego, la famosa novela de los bomberos, realicé uno de mis proyectos más queridos, De lo real y maravilloso, con el historiador Eduardo Vázquez. Luego asumí la dirección general de Bajo el mismo sol y hasta hoy las telenovelas han sido mi pasión.

―En 2009 incursionó en el largometraje ¡Ay, mi amor! ¿Qué relación tiene con el cine? ¿Prefiere la televisión?

―Al cine me une todo, desde mis grandes amigos hasta el haber sido parte de ese sueño bello que fue la Escuela Internacional de Cine y Televisión. Puedo junto a Laura de la Uz jactarme de una cultura cinematográfica extensa. ¡Ay, mi amor! lo dirigí con Yamila Suárez en 2000, también fui su editor, así como de películas de otros directores.

En tiempos de amar y La otra esquina son algunas de las producciones que llevan la firma de Ernesto Fiallo-director. ¿Por qué elige la telenovela?

―Me da mucho placer dirigir este tipo de programa, uno de los más complejos dentro de la televisión nacional. Trabajamos seis días a la semana 12 horas diarias, y la función del director puede extenderse hasta tres o cuatro años. Esta labor me ha regalado muchas satisfacciones y disgustos también. Pero tengo una máxima que hace funcionar al equipo que me acompaña en cada rodaje, y es que uno debe divertirse y sentir placer en el trabajo. Los disgustos, generalmente, vienen de problemas ajenos que nos superan: asuntos económicos, burocráticos. Entristecen mucho.

—¿Qué tipo de historias prefiere dirigir Ernesto Fiallo?

―He tenido la suerte de encauzar historias que reflejan la vida cotidiana de los cubanos. Esas son las que prefiero. Me gustaría hacer una telenovela de época, a la que pueda otorgarle un poco de contemporaneidad. Y esto lo he dicho varias veces: el espectador cubano exige a la telenovela lo que debería exigir al noticiero. Piden que reflejen los problemas, lo mal hecho, lo que debe corregirse, como si fuera un reportaje periodístico; y la telenovela es un producto de entretenimiento. Vuelve a mirar, por ejemplo, habla de la tercera edad, la vivienda, la migración, el amor, la amistad, de la traición, de muchas miserias y virtudes; pero lo hace desde su propia estética.

—¿Qué distingue a su ejercicio de dirección? ¿Tiene un método personal?

―No tengo un método definido. Apelo un poco al juego con mi equipo. Aprender como un alumno que está en el aula haciendo un trabajo práctico. Puede sonar irresponsable, por los altos presupuestos que conlleva una obra. Pero funciona. Es hacer televisión como en los sueños de un niño. Trabajar desde el placer y, sobre todo, tratar de conseguir el producto que me gustaría consumir como espectador. Todavía no he logrado eso con ninguna obra, pero lo he intentado. Entrego el resultado más digno, con el deseo de entretener y regalar un ratico de bienes-
tar en la noche.

―A una industria fuerte como la brasileña, con una formidable paleta de telenovelas, se suman las pro-
ducciones turcas; ambas consiguen espacios y públicos dentro de nuestras programaciones. ¿Qué salva a las propuestas cubanas frente a semejante competencia?

―Las salva no ser grandes melodramas. Son obras afincadas en la realidad cubana. Los personajes surgen a los ojos del espectador como entes vivos en su cotidianidad. Quizá por eso el televidente tiene una preferencia muy especial por nuestras producciones.

―Además de las carencias materiales, ¿qué empobrece a las telenovelas cubanas?

―Los temas tienen que ser tratados con más valentía y profundidad. Se trabaja pensando qué se puede decir y qué no. Eso nos limita en todos los sentidos, desde la respuesta actoral, hasta la incidencia social que puede tener la obra. Es un problema de todos nuestros dramatizados.

Vuelve a mirar emerge en un contexto sensible a las historias que cuenta. ¿Qué fue lo más complicado a la hora de dirigirla?

―Pienso que el tema principal, la tercera edad. No queríamos hablar de la ancianidad con pena, con dolor o lástima. Quisimos subrayar la dignidad del anciano, su posible optimismo y sus derechos indiscutibles, sin quedarnos en la superficie. Se trabaja con mayor profundidad cuando hablamos de lo positivo y descubrimos, de a poco, lo negativo que ronda la vida del personaje.

―En esta obra los adultos mayores son quienes protagonizan las tramas principales. ¿Qué nos puede contar de la experiencia director-intérpretes?

―Muy buena. Sobre todo porque observamos a esos adultos mayores, artistas de reconocido prestigio, enfrentar con energía y con fortaleza el trabajo. Nunca los tratamos como viejitos a los que se les debe protección y cuidado. Ellos fueron parte activa, viva, de ese equipo. No subestimamos en ningún caso sus capacidades y su vitalidad.

―Desde los relatos secundarios asoman rostros nuevos en la pantalla chica, algunos muy jóvenes. Este con-
traste generacional, ficción y realidad en los planteamientos de 
Vuelve a mirar, ¿cómo se vivió detrás de las cámaras?

―Es uno de los ejes de esta telenovela y su elenco oscila en ese rango. Los jóvenes supieron recibir el legado de los más experimentados. Fue una experiencia muy productiva.

―A juicio personal, ¿qué deudas o temas pendientes le quedaron a esta propuesta? ¿Qué la hubiera hecho mejor?

―Uno quiere ser más abarcador, profundizar en los temas, lograr perfección en los detalles; todo eso es inevitable para un creador. Siempre hay un grado de insatisfacción. Sin embargo, en el caso de Vuelve a mirar son más las satis-
facciones. La obra nos permitió convertir el proceso creador en un espacio para ser todos un poco más felices.

―Los mayores retos que enfrenta Ernesto Fiallo como director de audiovisuales en Cuba.

―Económicos y burocráticos, sin duda alguna.

―¿Algún consejo para quienes aspiran o comienzan a dirigir audiovisuales?

―Creo que todavía estoy para recibir consejos (risas), pero les recomiendo mucha lectura, mucho cine; que sean muy observadores y vivan como si estuvieran grabando un filme todo el tiempo. Es agotador, pero funciona.

Tomado de Juventud Rebelde

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