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 Acercamiento a contenidos y visualidades de la TV Cubana

En la actualidad, buena parte del mundo desarrollado y menos desarrollado, es una sociedad mediática, multipantalla. Esta omnipresencia influye en la ocupación del tiempo de generaciones, pues, según parece, la necesidad de compartir lo visto por otros, conspira, en ocasiones, contra la educación de la mirada, la cual requiere una actividad selectiva.

¿Cómo lograrla? No bastan las buenas intenciones o el empeño fortuito, la mirada exige el proceso de autoaprendizaje, que es imprescindible para desarrollar la capacidad del intelecto, el entendimiento  de complejos entornos propensos a la saturación de los sentidos y las mentes, sobre todo al embotamiento perceptivo.

Han surgido nuevos usuarios en nuevos contextos, de ahí la necesidad de generar en la televisión tradicional contenidos, formas atractivas del espectáculo en pantalla, que favorecerá la capacidad interpretativa como concepto de apropiación de lo interesante y lo entretenido.

No se trata de reclamar privilegios para una u otra disciplina, sino ampliar el enfoque en el contexto de disímiles formaciones simbólicas.

El Canal Multivisión privilegió en los cambios spots sobre figuras de la plástica cubana, la sistematización de esta práctica puede ampliar la visualidad cultural y sus dimensiones significantes en los órdenes creativo, perceptual.

De igual modo, el Noticiero Cultural (Cubavisión, lunes a viernes, 6:30 p.m.) promociona la obra de artistas jóvenes y consagrados que exhiben sus propuestas en galerías, museos, otras sedes expositivas.

El maestro Manuel López Oliva, pintor y crítico de arte, ha destacado la importancia de visibilizar las diferentes estéticas. “Lo que no se exhibe, no se aprehende, no existe. Es preciso brindarle opciones enriquecedoras a los espectadores desde edades tempranas”.

Un singular diálogo estableció con el lenguaje de la compañía Rosario Cárdenas, Premio Nacional de Danza, 2013, a propósito de la muestra A teatro abierto (Galería Artis 718). Esta experiencia se presentó en la pantalla televisual, merecía volver sobre ella, no solo una promoción coyuntural.

La complejidad del acto de ver exige sistemáticas entregas de herramientas que contribuyan al análisis de textos lingüísticos e icónicos, a la promoción de valores positivos en beneficio del autónomo ejercicio del criterio.

Se trata de que la cultura contribuya al aporte de experiencias valiosas en la niñez y los jóvenes, fomente la educación ciudadana, el gusto estético, pues el patrimonio espiritual propicia crecer en un mundo donde las industrias del entretenimiento pretenden abolir la inteligencia, las reflexiones propias mediante productos de fácil deglución y mercancías manipuladoras.

La digitalización y las nuevas prácticas de uso del medio televisual indican cambios acelerados, los de menos edad pasan del consumo lineal hacia otras pantallas, tablets, celulares, computadoras, y mediante el uso de las redes sociales, los sujetos dejan de ser pasivos para convertirse en productores-difusores o productores-consumidores.

Pensar el entretenimiento desde la cultura favorece lo cognoscitivo y la complacencia de destinatarios que buscan revalorizar el tiempo privado y la calidad de la existencia.

El vínculo entre identificación emocional y memoria, valida la relación entre categorías estéticas, jerarquías artísticas y el posicionamiento para reactualizar en los públicos, el conocimiento de las nuevas narrativas que exigen inteligencia lectora.

Nunca olvidemos, las pantallas son interlocutoras por excelencia y mantienen la simulación permanente de un diálogo inagotable, en tanto “hablan” al televidente, lo desafían, conmueven, acompañan. Quienes forman parte del proceso creativo audiovisual deben ser conscientes de su participación en la producción simbólica y en el sentido de la nueva visualidad que reclaman estos tiempos.

 

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