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 Acercamiento a la popular presentadora del espacio Amanecer feliz

Esta historia no debe comenzar de otra manera: Había una vez una niña, que pintaba y escribía historias para enviarle a su papá, Jefe de máquinas en la Marina Mercante cubana. Una profesora de talleres literarios de la Casa de Cultura de 10 de Octubre, en La Habana, la descubrió y comenzó a prepararla.

La niña escribía y escribía, a la par que, en secuencias de dibujos, desarrollaba los personajes de su imaginación. Así acumuló decenas de premios y reconocimientos en concursos. Un día, luego de ganar un galardón en un certamen auspiciado por la UNESCO, la invitaron a leer su cuento en una tertulia del barrio, dirigida por la narradora oral Esther López. Otro de los narradores presentes detectó las potenciales de la pequeña no solo para redactar, sino también para escenificar sus fabulaciones; y le sugirió a Esther que le enseñara a contar sus propios relatos… Se le abrió la puerta a la narración oral escénica. Tenía tan solo 10 años de edad. Transcurría 1999.

“Comencé entonces a vivir casi dentro del ambiente de los narradores, escuchando y contando historias, muchas veces escritas por mí”, me cuenta hoy la misma infante, que en tamaño ha crecido poco, pero en intelecto, distinciones y profesionalidad es enorme. Acaba de salir de una grabación de Amanecer feliz, el espacio infantil dentro de la revista informativa Buenos Días, de la televisión nacional, que desde hace más de cuatro años la lleva a despertar cada jornada a miles de pequeños en Cuba.

A la pantalla chica llegó mediante una propuesta de la programación de verano: Pintacuentos, dirigido por Vladimir Zúñiga. Así se dio a conocer en el medio y apareció la oportunidad de Amanecer… De cómo organizan la rutina de esta sección mañanera —de la que también es co-guionista— me detalla:

“El lunes narro un cuento libre. Los martes narro en lengua de señas, para los niños sordos e hipoacúsicos, mientras va saliendo a la par, para los oyentes, mi voz en off. El miércoles está dedicado a Cecilio Avilés, ese maestro del dibujo animado, con el proyecto de la Carpeta de Dibujos, para incentivar a los chicos a que coleccionen. El jueves nos vamos de “piratería”: un personaje, que es Dayana misma, con un capitán llamado Manos largas, llega a distintos puertos coleccionando historias del mar. Y el viernes son las adivinanzas, súper populares entre los niños... Siempre bajo la tutela de Juan Gutiérrez, un director que deja mucho margen a la creatividad»…

Dos veces ganadora del Premio Juglar, que otorga la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), por los espectáculos: Viajando en un Sombrelimágico (ìnfantil) y Fantasmas tras vitrales (para adultos), la joven evoca sonriente las ocasiones en que la paran en la calle, sobre todo las abuelitas, para que salude a sus nietos por la pantalla: “Dayana, mi nietecita siempre te ve”; “oye, dile a mi nieto que se coma el desayuno”, “mira, te guardé unos dibujos de mi chiquitica”.

El cuento, reflexiona, es solo un puente para llegar al otro, “pero lo más valioso es que lleva en sí algo útil y bueno. Y en el horario del programa, el amanecer, pienso que lo que se le diga a un niño puede quedarle “prendido”. “Guarda esta historia en un bolsillito del corazón,suelo decirles siempre”.

—¿Tu método personal?

—(Sonríe, porque confiesa que nunca le han hecho esa pregunta). La forma de gesticular, quizá, las personas me han dicho que parece que pinto con las manos. También el introducir bastantes fragmentos de canciones que tienen que ver con los textos. He recibido clases de canto, obviamente, y en mis comienzos, en la secundaria básica República de Paraguay, de La Víbora, pertenecía al trío Leyenda, de música y narración. En él Yoel Matos y Alejandro Jiménez tocaban guitarra, mientras yo cantaba y narraba piezas ajustadas a lo que los temas musicales demandaran”.

Le comento que su tránsito de la escritura a la oralidad pudiera parecer errado, desde la óptica más común. ¿Acaso no teme que la oralidad, tan efímera, tan del hoy, le impida trascender, como desean de una forma u otra todos los creadores?

—No lo creo. Ni me preocupa. Amo la literatura y me facilita el trabajo. Muchas veces me impulsa el deseo urgente de compartir con alguien eso que acabo de leer y me maravilló, me removió las emociones, quiero decirlo a otro que me escuche, invitarlo a que busque esas letras… Por eso lo cuento. Pero cuando no encuentro un texto determinado sobre algo específico que quiero decir, me siento y lo escribo. A lo mejor no me queda como un escritor consagrado, mas logro el objetivo inmediato de comunicación. La historia oral, lo que va pasando de boca a oreja, generación tras generación, constituye al final las esencias culturales que nos quedan. Y sí, sí trasciende, la palabra nunca es efímera.

—¿Qué pasa con la narración oral en Cuba, que por instantes da la impresión de ser un arte subvalorado, destinado a sitios reducidos?

—En efecto, a veces se queda en pequeños escenarios, porque hay quienes, con poder de decisión, consideran que este un arte para minorías, no para grandes públicos. Igualmente, existe la tendencia a creer que los cuentos a viva voz son solo para niños, y un cuento para adultos, en manos de un buen narrador, es una pieza que atrae multitudes. Incluso, pensando en que el país no tiene muchas de las cosas que se necesitan para los montajes de espectáculos teatrales, se podría aprovechar más el poder de comunicación cultural de los espectáculos de narradores.

Sobre la capacidad de escuchar, Dayana opina que está en crisis, no solo en Cuba. La alarma caminar por las calles y ver cada vez más jóvenes concentrados únicamente en lo que les gritan sus audífonos. Ella se resiste a pensar que un teléfono celular, o cualquier aparato tecnológico, por útil y encantador que sea, constituya la mejor compañía de un ser humano.

“Por eso dedico tanto tiempo a jugar con mi pequeña Emmita, de tres años, me dice. Le hice sus tarjetas para que aprendiera los objetos, le cuento y le canto, nos disfrutamos mutuamente. Y para nada me ha limitado la vida profesional; al contrario, ser madre ha enriquecido mi capacidad de trabajo y mi visión del mundo”.

Entre los escritores cubanos de Literatura infantil y juvenil, esta profesional, merecedora del Premio Iberoamericano de Narración Oral Escénica Chamán, distingue a Dora Alonso. Y de los internacionales, aunque incorpora muchos contemporáneos, no deja de narrar a clásicos como los Hermanos Grimm y Charles Perrault.

Integrante del grupo teatral Ceiba Oah, dirigido por Lucas Nápoles —quien tanto la ha apoyado—, alumna y compañera de escenario de otros grandes narradores como Mayra Navarro, Dayana odia las Matemáticas y las planillas con la misma fuerza con que ama la buena música infantil, que incluye regularmente en sus historias. Entre sus recuerdos más conmovedores están las ocasiones en que pudo escuchar y compartir con la emblemática cantautora Teresita Fernández.

De sus experiencias internacionales rememora la participación, representando a la Editorial Gente Nueva, en la Feria Europea de Teatro para Niños y Niñas, con sede en España. Aquella vez, y siempre, en la retaguardia emocional y práctica de su vida ha estado su madre, Emma, quien desde muy chiquita la enseñó a luchar por sus sueños y a amar los lados bellos de las cosas.

Los espacios que hace años propiciaban las Casas de Cultura de la Isla para aficionados eran muchísimos y de una calidad tremenda. Había un ambiente que impulsaba al crecimiento profesional. Pero hoy varios de aquellos talleres de literatura y concursos se han perdido, refiere con nostalgia.

—¿Qué te estorba y te apasiona de Cuba?

- Nuestra historia me apasiona. Ser cubano ya es un sello de prestigio si miramos las raíces de la nación, con tanta valentía a cuestas, con tanta tradición de lucha…

“Me molesta del cubano esa manía, algo extendida, de querer ser especialistas en todo. Óigame, señor, hay que dejar a quien domina una materia, que sea él o ella quien la maneje, y no pretender que todos podemos hacer de todo. Eso a veces entorpece las cosas”.

—¿Y la rentabilidad económica de un arte como el tuyo?

—Uf… Paso muchas angustias con eso. Me llaman y si la persona no menciona cuánto me va a pagar, me muero por dentro antes de decirle: la actividad cuesta tanto. Es tan difícil hablar de dinero asociado al trabajo para niños. Creo que el que inventó aquello de “por amor al arte”, seguramente era un artista verdadero.  

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