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La telenovela cubana del momento se aleja (¿con toda intención?) de ciertos moldes del género… aunque a veces ha dejado al espectador con ganas de más.

Hay que aplaudir la decidida vocación estética de Vidas cruzadas (Cubavisión; lunes, miércoles y viernes); acostumbrados como estamos a puestas en pantalla mediocres, y hasta francamente chapuceras, un producto como la telenovela actual —hecho con cuidado, atendiendo los detalles— tiene necesariamente que destacar.

Desde la presentación hasta los créditos finales, es evidente el empeño (y el desempeño) de todo el equipo de realización.

No nos queda claro si grabar en locaciones reales fue una opción o un imperativo, pero para los decorados de cartón mal montados y mal iluminados que hemos tenido que sufrir tantas veces, es preferible una casa de verdad, una oficina, cualquier local… siempre que estén bien fotografiados, bien ambientados… y aquí, en sentido general, lo están.

Si hablamos de fotografía, es evidente que se quiso trascender la mera funcionalidad: indudablemente hay vuelo. No obstante esa apuesta no garantiza siempre contundencia expresiva.

La música (y la musicalización) evitan a toda costa la vulgaridad, aunque de paso parecen prácticamente desprovistas de intenciones dramáticas: no “conducen”, no remarcan, no ayudan a caracterizar personajes o situaciones: banda sonora de buen gusto que sencillamente acompaña. Sin aspavientos y sin riesgos.

Y ese, en todo caso, parece ser el denominador común de la puesta: la sutileza, el refinamiento, la “delicadeza” a la hora de presentar las peripecias…

Puede llegar a ser una telenovela "linda" (perdón a los que creen que “linda” no es un calificativo apropiado a la hora comentar sobre un dramatizado) que en su pretensión de belleza llega a resultar algo desangelada.

De cualquier forma, insistimos, es plausible el trabajo de casi todos los apartados técnicos. ¡Ojalá que el sistema de producción de dramatizados aquí asumiera al menos esos estándares de calidad!

En cuanto a las actuaciones, como casi siempre: una de cal y otra de arena. Es notable la “mano” de un director de actores (al menos hay una senda, una intención)… aunque el casting para algunos personajes no resultara demasiado feliz.

Esa cantidad de rostros jóvenes, de actores debutantes, es un punto sólido, está claro que a algunos les falta “carretera”, pero para eso hay que abrir oportunidades. Hay que seguir renovando los elencos, “refrescar”. Cantera para eso existe en Cuba.

En definitiva, lo más endeble de Vidas cruzadas no es el empaque, ni los “ejecutantes”: es la desmayada manera en que se narra: el tempo, la sucesión de peripecias, los puntos de giro.

Demasiada laxitud, evidente desmadejamiento… Justo lo que uno no esperaría de una telenovela.

Pareciera que la trama no daba para tantos capítulos (aunque los capítulos no son tantos); lo que pudiera (y a veces debería) resolverse en unas cuantas escenas, llega a demorar semanas…

Esa “tibieza” probablemente le haya granjeado adeptos a la propuesta, televidentes agotados de planteamientos mucho más violentos o tremebundos.

Pero un poco más de pimienta no hubiera venido mal, sobre todo cuando la historia reservaba algunos conflictos en apariencia jugosos.

Vidas cruzadas ha sido más cauta de la cuenta, le ha temido demasiado al desmelenamiento. Es como jugar con candela algo lejos, para no quemarse demasiado.

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