Hace unos días coincidí con Lola Calviño en la presentación del último filme de Fernando Pérez, y  le hice la pregunta obligada “¿Cómo está Julio?”.

Su respuesta fue “De lo mejor, este año cumple 90 años, tenemos que promocionarlo, no?” y pensé en  hacer una crónica de cumpleaños del cineasta, teórico y alto ejecutivo  Julio García Espinosa.


Este miércoles en la premiere del filme Esteban, también el ICAIC, volví a ver a Lola, nos saludamos y apenas hablamos porque empezaba la conferencia de prensa. Vi salir rápido a la novia, esposa, amante,  enfermera, compañera de Julio  y momentos después  supe que el  casi nonagenario hombre de  cine había muerto.

Hubiera llegado a las nueve décadas el  5 de septiembre y tuvo una intensa actividad intelectual.  Actor y director de teatro vernáculo siendo muy joven, incursionó también en la radio pero el cine fue su gran pasión desde que de  1951 a 1953 estudió dirección cinematográfica en el Centro Sperimentale di Cinematografía de Roma. Allí se graduó director y en  1955, junto a Tomás Gutierrez Alea,  con la participación de  Alfredo Guevara, José Massip y el fotógrafo Jorge Haydú,  filma El mégano, pieza considerada el germen del cine que se realizaría en Cuba a partir de 1959.


Julio fue miembro de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo y jefe de la sección de cine de la Dirección de Cultura del Ejército Rebelde en 1959, es uno de los fundadores del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), desempeñó los cargos de Director de Programación Artística, Vicepresidente primero y Presidente de la institución hasta 1991.


Miembro Fundador del Comité de Cineastas de América Latina y de la Academia de Cine de España, director entre el 2004 y 2007 de la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños, Julio es uno de los teóricos sobre cine más importante del país. Su texto Por un cine imperfecto, polémico e irreverente ha tenido varias ediciones en Cuba y el extranjero.


Fue merecedor de la  Distinción de la Cultura Nacional (1981); Medalla Alejo Carpentier (1982); Orden Félix Varela (1984) y el Premio Nacional de Cine en el año 2004, además recibió el Doctor Honoris Causa por el Instituto Superior de Arte de Cuba y por la Universidad Concorde de Canadá.


Todos estos son meritos de un hombre de su tiempo, que tiene en su haber una profusa e importante obra fílmica que se inició con  los documentales Sexto Aniversario,  La Vivienda, y Esta tierra nuestra, en 1959 y  siguió con piezas como El joven rebelde (1961),  Aventuras de Juanquinquín  (1967), La inútil muerte de mi socio Manolo (1989)    y  Reina y Rey (1994), con una amplísima labor como guionista que va desde La primera carga al machete, Los días del agua, El otro Francisco, De cierta manera hasta Mella.


Además de disfrutar de su cine alabé en Julio el impulso de los grupos de creación  en el ICAIC y su aceptación a debatir. Siempre que lo invitamos a los talleres Caracol de la UNEAC, asistió con  su arsenal teórico y su disposición al diálogo.


Siento mucho no haber escrito la crónica por su  cumpleaños y tener que hilvanar estas líneas, porque el cine cubano revolucionario está de luto: perdió a uno de sus padres fundadores.

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