Cartelera de la TV Cubana

Tv-Historias

Los misterios de Escriba y lea

El triunfo de la Revolución cubana trajo consigo transformaciones  políticas,  económicas, sociales y culturales que en ritmo  vertiginoso instauraron nuevas prácticas y percepciones sociales. Así,  en corto plazo; se reconfiguraron la ideología, la educación, los medios de comunicación y se abrieron nuevos horizontes para el conocimiento y la superación de todos los cubanos.

Entre los hitos culturales más notorios entre 1959 y 1967,  destacan:

1959. Se inaugura la Imprenta Nacional, con la edición masiva de El ingenioso hidalgo Don Quijote de La mancha de Miguel de Cervantes y Saavedra; vendido al precio simbólico de 25 centavos el ejemplar. 

 

1960.

- Tras la transferencia al Estado, el sistema mediático deviene de propiedad estatal y con servicio público que potencia las funciones ideológicas, educativas o culturales y sus contenidos complementan los profundos cambios sociales.     

-Se estructura el sistema de enseñanza artística y una versátil red  de organizaciones culturales; donde se multiplican las oportunidades para quienes posean  talento.

1961.

- El éxito de la Campaña Nacional de alfabetización anula en tiempo record el analfabetismo. La enseñanza privada desaparece, se crean innumerables aulas, surgen maestros y alumnos  para todos los niveles de enseñanza y se provee el acceso masivo y gratuito a las universidades. La educación y la cultura cubanas se constituyen en derechos reales de todos los ciudadanos cubanos.    

- Se crea el Instituto cubano de arte e industrias cinematográficas.

1962.

-La Editora Nacional hace tiradas inéditas de títulos claves y sienta las bases para el sistema nacional de editoriales. 

- Surge el Instituto cubano de radiodifusión.

1965. Nace Ediciones Revolucionaria -la primera editorial revolucionaria-  embrión de una red especializada que desde 1967, se agrupa en el Instituto del libro.

La radiodifusión rebasa los índices de sintonía y preferencia de sus públicos y asume la misión de orientar, formar, instruir, educar y satisfacer la espiritualidad de los cubanos a través de la programación, los contenidos y los mensajes. Este complejo proceso descansa en la subjetividad de la  visión artística-ideológica de los creadores que estructuran dichas propuestas.

1967. Se enuncian los primeros objetivos de la programación televisiva; donde se  revela la magnitud de sus propósitos:

-          Llevar a la población las obras clásicas de la literatura universal para acercar al público a una tradición de valores universalmente consagrados.

-          Presentar obras modernas que por su temática  o estilos sean innovadores y cuyo contenido enriquezca o reafirme nuestros presupuestos ideológicos.

-          Crear programas definidos como históricos que acerquen al público a la objetivación de los grandes procesos sociales y de los hombres que en ellos han actuado, para una mejor comprensión de los cambios  revolucionarios.

-          Promover el interés por los aspectos más importantes o más significativos en la integración de nuestra nacionalidad y de la génesis de la Revolución cubana.

-          Destacar los logros y las actividades más importantes de la Revolución cubana.

-          Realizar programas que recuerden críticamente los vicios, la humillación y la explotación característicos del pasado pre revolucionario y que sirvan de testimonio a la formación de las nuevas generaciones que carecen de tales vivencias.

En 1968, se crea la Dirección de programas educacionales de la televisión cubana que diversifica los formatos y géneros de los proyectos que complementaran al Ministerio de Educación y al Consejo Nacional de Cultura.

Ejemplos: Escriba y lea, ¿Que dice aquí?, Nuestros hijos, El hombre y su mundo, Literatura, Tradiciones cubanas, Ciencia y desarrollo mientras disímiles propuestas de contenidos  históricos celebran el centenario de nuestras  gestas independentistas.  

La producción mediática como forma peculiar de la cultura popular masiva,  es portadora de las tradiciones histórico-culturales, la memoria colectiva, la ideología, la idiosincrasia nacional-regional y todos los significantes latentes en la vida social.

Quienes trabajamos en estos medios sabemos cuanto esfuerzo, laboreo y talento individual-colectivo se requiere para lograr una hora a la  semana en pantalla.

Por ello, cuando un programa permanece uno, tres, cinco o diez años en pantalla logra una proeza. Si sobrepasa los cuarenta como es el caso de Escriba y lea; constituye un  verdadero prodigio porque no existe la formula exacta para el éxito: El impacto comunicativo y las satisfacciones de los televidentes no dependen solo del elenco más prestigioso, los realizadores más populares o los recursos materiales más significativos y conocimos producciones humildes que devinieron sucesos perdurables. 

Durante décadas, los especialistas han reclamado la renovación cíclica de la parrilla de programación buscando su revitalización pero el enfoque cuantitativo - e incluso el estilístico-estético- no bastan para explicar que Escriba y lea; constituya hoy por hoy -casi medio siglo después de su fundación- un reclamo popular.

Como programa educativo, su panel ha sido prestigiado por importantes académicos que identifican personajes, sucesos u obras de disímiles zonas del conocimiento a partir de las propuestas de los televidentes de toda Cuba. Entre las zonas mas vitales del  proyecto, se encuentra el logro de una participación espontánea y anónima de los televidentes mientras dura su emisión, cuando miles de cubanos crean en paralelo otro panel gigante que trata de acertar con sus respuestas a sus incógnitas.  

Surgió con la misión de estimular el hábito de lectura, aumentar el conocimiento de los televidentes más diversos y complementar los planes de estudio de Educación y aun la cumple.

Los intentos de culminarlo en busca de mayor renovación o por haber vencido su ciclo de vida resultan inoperantes y esta realidad anula cualquier precepto teórico sobre la relación contenido-forma de estas producciones.

Escriba y lea, permanece en la preferencia de los cubanos aunque  los de entonces, ya no somos los mismos y pese a los cambios del entorno cubano:  

Surgen múltiples productores de contenidos audiovisuales y la televisión cubana  avanza hacia la digitalización total de un universo que seria incompatible con el proceso de hacer televisión si no contara con el video tape, los satélites de comunicaciones, la informática, Internet y su vasto catalogo de productos, servicios,  funciones y redes sociales y donde muchos acceden a multiplicidad de soportes informáticos y generalizan una cultura informática polivalente.

Cuba cuenta con más de un millón de graduados universitarios – y una elevada cifra en transito a categorías científicas-; miles de egresados de la enseñanza artística, deportiva y especializada; escuelas de oficios e innumerables creadores e interpretes del Movimiento de aficionados. Y eso es mucho para un país subdesarrollado,  bloqueado por el imperio por más de medio siglo y con una población inferior a los doce millones de habitantes que sigue envejeciendo.

Las coyunturas y necesidades específicas en las que nació Escriba y lea, distan mucho de las del 2014; pero sigue retando al tiempo, a los cambios sociales, a las practicas mediáticas y a los discursos estéticos contemporáneos porque no ha perdido su identidad, su autenticidad y sobre todo; porque sigue siendo necesario.   

Mantenerlo al aire como proyecto educativo en una sociedad donde alternamos hoy grandes conquistas y  lamentables deterioros; compete tanto a productores y emisores como a las audiencias que lo siguen viendo en contra de los pronósticos que vaticinaban su desaparición.   

Hoy no pretendo desentrañar sus misterios, solo quiero agradecer:

A la televisión que nos brinda la oportunidad de recibirlo en casa cada semana e  incrementar a la antigua, el conocimiento de la historia, la cultura y la gestión editorial. 

A las generaciones de prestigiosos intelectuales cubanos que lo han alentado con su  sabiduría, talento, amor y pasión.

Escribe y lea ya es parte del patrimonio televisivo y del imaginario colectivo de todo un pueblo. Mientras no exista un proyecto superior, seguirá ahí, tan nuestro como Los Van Van.

 

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