«Me quedo con toda de Leticia». Así afirmó en esta conversación Linda Soriano, la actriz que interpreta a Leticia en Regreso al corazón.
Desde la más absoluta sencillez, comenta detalles de la preparación de este difícil personaje.
—De la mujer de teatro al rostro de TV. ¿Cómo defines el tránsito de un medio a otro y cuál es el denominador común?
—Realmente, al tránsito del teatro a la televisión le puse un ojo bastante crítico y con mucha conciencia, puesto que son dos medios distintos. De alguna manera el primero es de mayor proyección, amplificación, mientras que en el segundo todo es más mesurado, pequeño. Por tanto, fue una cuestión solo de ir haciendo conciencia en cómo es el lenguaje de la televisión.
«Ahora, el punto común es, sin duda, la certeza de estar vivo en escena; de vivir una situación dramática y hacerlo con total veracidad. Tener claro cuál es el personaje, qué quiere, su sistema de relaciones, así como mi objetivo en la escena. Una vez que eso está claro como actor, lo que queda es hacer el viaje, o sea, conectar con el otro actor para que se haga la magia.
«Creo que en cualquier medio la cuestión es estar en vivo; estar aquí y ahora para poder entender y reaccionar de una manera absolutamente orgánica».
—¿Cómo llegas a esta telenovela y encontraste dentro de ti a Leticia?
—Llego a la telenovela por Loisys, es la segunda vez que me convocaba; en la primera oportunidad no pudo ser porque yo tenía muchísimos compromisos de trabajo en ese momento; y en esta ocasión la vuelvo a encontrar en la calle y me propone a Leticia.
«Lo primero que hice fue buscar por qué Leticia se comportaba de esa manera. Un personaje no es negativo porque sí y ya; hurgué entonces en el porqué de su dependencia hacia Mariano, de alguna manera esa resistencia a su familia, y lo que encontré fue un mal manejo que ella tuvo en el hogar. A partir de ahí todo lo demás fue hacer su perfil psicológico. Leticia, indiscutiblemente, desde pequeña fue una niña rebelde, impulsiva, un poco volátil y al mismo tiempo muy celosa, sobre todo con las figuras materna y paterna; pero al ser la madre tan fuerte con ella, todo el cariño, esa muestra de amor, Leticia la volcó hacia el papá; mientras en la madre depositó resistencia y oposición.
«Del mismo modo, al ser un personaje que se marca con características rebeldes, explosivas… sus movimientos fueron más rápidos, o al menos la manera en que se concibió».
—¿Qué hay detrás de Leticia?
—Este personaje fue dedicado a mujeres que aparentemente se ven y se muestran fuertes, de carácter intenso; sin embargo, están rotas por dentro. Tener una personalidad fuerte o no, para nada excluye que internamente no se sienta miedo, inseguridad, puntos de vulnerabilidad, porque somos absolutamente humanos, llenos de incertidumbres y a la vez plenos de esa fuerza para poder vencerlos; solo está en cómo uno lo proyecte, en el libre albedrío, en la disposición que se asuma.
«Es como la parábola del lobo bueno y el lobo malo: tú decides a quién quieres alimentar de los dos. Y a esas mujeres está dedicado el personaje, a esas aparentemente fuertes, decididas, independientes; sin embargo, han vivido un tipo de relación tóxica o algún sistema de relación en el que han sido manipuladas, entregándose sin amarse primero a sí mismas y, por supuesto, sin valorar las consecuencias».
—¿Cuánto te exigió este personaje?
—Es curioso porque yo sentía, mientras trabajaba en el proceso de la novela, que Leticia tenía una dosis alta de energía. Incluso, muchas veces, cuando estaba cansada y pasaba un texto sin ponerle toda la fuerza que ella posee, sentía que me trababa, no fluía. Entonces me di cuenta de que el personaje llevaba en sí una manera muy fuerte de conectar, moverse, expresarse y, obviamente, esa era su defensa, una protección que ella misma se había hecho para andar.
«Por tanto, esa cantidad de matices variados exigió de mí mucho esfuerzo, sacrificio, trabajo mental-energético que me tuvo todo el tiempo alerta en cada escena a la mínima reacción, porque de alguna manera Leticia se había acostumbrado (porque se equivoca mucho) a ser muy cuestionada, juzgada, regañada, observada.
«No es un personaje tranquilo, de paz, sin grandes problemas; todo lo contrario, es de los que, mientras más conflictos, más energía tienes que poner en función de resolverlos o lidiar con ellos. De ahí que demandó una alta dosis de energía, fuerza y atención».
—¿Con cuánto de este personaje te quedas?
—Me quedo con toda de Leticia, con el aprendizaje que tuve de ella y con el que ella misma adquiere a lo largo de la historia; la cuestión, muy importante, de no dudar a la hora de amarse y respetarse uno mismo; me quedo con su amor incondicional hacia los hijos, sus padres aunque en algún momento les falla; el amor hacia sus hermanos, incluso hacia su esposo, aun cuando no es una relación sana. Me quedo con su vehemencia a la hora de amar, con su valentía en el momento de enfrentar determinados sucesos… Me la quedo completa y con la experiencia tan linda de haberle dado vida.
—Quien te pudo disfrutar en la obra teatral Antígona sabe que se enfrenta a una actriz de carácter. ¿Prefieres estos personajes o será que ellos te eligen a ti?
—Me gustan mucho los personajes de carácter; si te digo lo contrario te miento, porque dan muchas posibilidades al actor que los interpreta; facilitan canalizar emociones y, al mismo tiempo, una vez que estas salen catárticamente, hay también una sanación. No tengo miedo de hacer este tipo de personajes que caminen y fluyan por mi cuerpo como si fueran la sangre por mis venas para llenarme de emociones diversas.
«También he interpretado personajes débiles como Susej, en Rompiendo el silencio, de carácter más flemático, y confieso que esos me cuestan un poco más porque es como ir dosificando toda la energía que normalmente tengo; algo así como ecualizarla y ponerla en otra manera. Por tanto, resultan un reto personal asumirlos y son los que más he interpretado. Realmente, personajes con carácter han sido hasta hoy Antígona y ahora Leticia».
—¿Luego de Regreso al corazón, cuándo vuelves a la pequeña pantalla?
—No lo sé, todavía no tengo otra propuesta que me regrese al corazón literalmente. También estoy inmersa en un proceso que no es en televisión y me tiene muy emocionada. Una vez que termine, veré qué otros trabajos me proponen que me regresen al corazón y me lleven a este punto de entusiasmo y entrega, porque me encanta vivir historias intensas que sean defendibles visceralmente.
Deseamos que pronto sea el regreso de Linda Soriano a la televisión; muestras ha dado suficientes de que en ella se mezclan las emociones con la contención exacta que cada situación exige. Con un personaje bien escrito ha sido igual de sentido a la hora de interpretarlo. Realmente se ha ganado esperarla lunes, miércoles y viernes, porque es de las presencias muy necesarias dentro del discurso dramático de una historia, muchas veces coral, en la que su sola actuación destaca y embellece.