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- Escrito por: Laura Mercedes Giráldez y Susana Besteiro Fornet /Granma
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Si los artistas no dejan de componer para los niños, ¿por qué estos, en los parques en las casas y en las escuelas, no escuchan esas canciones, no las cantan?
Desde los 17 años, la compositora e intérprete Enid Rosales forma parte de los creadores de canciones infantiles de nuestro país, con la certeza de que es imprescindible que «los niños tengan espacios propios de música que les estimulen la creatividad y los ayuden a vivir una infancia feliz, libre de contaminaciones que no les tocan».
Kiki Corona, cantante y compositor, cuyos temas forman parte de la memoria afectiva de varias generaciones de cubanos, asegura que «en Cuba hay cientos de compositores que esperan, con una sólida obra dedicada a los más pequeños de casa, el momento de mostrarla, pero esto no depende de los hacedores de piezas infantiles».
Entonces, si los artistas no dejan de componer para los niños, ¿por qué estos, en los parques en las casas y en las escuelas, no escuchan esas canciones, no las cantan? ¿Las conocen?
LA CREACIÓN
Kiki Corona considera que la política cultural necesita gestores con decisión y creatividad para enfrentar los desafíos que entraña el peligro de poner, ante las miradas y los oídos de nuestros infantes, música que no corresponde ni a sus edades ni a sus querencias emocionales y existenciales.
«La producción de música infantil, como cualquier otro género, siempre es costosa. En este caso, depende del tipo de disco: algunos se graban por niños, otros por adultos. Los gastos son diferentes. No obstante, siempre va a ser rentable, porque más que apostar por beneficios económicos, lo hacemos por el crecimiento cultural. Quizá por ello, en el caso de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (Egrem), dedicamos un buen espacio a este tipo de producciones», explica Élsida González, productora de la Egrem que encamina los proyectos infantiles de esa casa discográfica.
«Creo que deberían existir más espacios para la promoción de la música infantil en nuestro país. Falta potenciar más los discos y las canciones, y a quienes hacen ese trabajo. Nuestros medios son los primeros que tienen que enfocarse en esa tarea, porque la música mueve las almas, aporta creatividad, disciplina, atención, ayuda al mejoramiento de la enseñanza», comenta Rosales.
Vivimos tiempos multipantallas. Desde las más tempranas edades se hacen familiares las tecnologías y es inteligente aprovecharlas en función de hacer llegar las artes de una forma más atractiva. Tanto los artistas como las instituciones ponderan la valía de los materiales audiovisuales para atraer al público más joven.
«El primer sentido de apreciación es la visualidad. Actualmente se impone un criterio estético y semiótico que no existía antes. El acompañamiento audiovisual estimula por igual a creadores y públicos. Desde luego, el videoclip, es una herramienta adicional muy importante», advierte Kiki Corona.
Por su parte, Élsida González reconoce que, aunque desaprovechar las bondades tecnológicas para promocionar la música infantil no es la intención de nuestras disqueras, es muy costoso realizar esas producciones. «Cualquier material de animación sobrepasa los costos empleados para grabar otro tema musical».
La fantasía, el anhelo y la proyección de los sueños, unidos a la lírica de una melodía noble, son –según Kiki Corona– ingredientes imprescindibles en los clips para atrapar a los niños y fijar en ellos la canción. «Ahí está el éxito».
El tiempo de producción de un videoclip animado puede variar según sus características estéticas. Si la animación es 2D, 3D, stop motion o una conjugación de varias técnicas, expone a Granma Armando Alba Noguera, subdirector de Producción de Animados del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (Icaic).
Otro factor para tener en cuenta es la composición del equipo. «Hay videos que por sus características son realizados por una sola persona, y puede tardarse en ello seis meses. Otros se hacen con un equipo de animadores y se terminan en tres meses. Este es un arte manual, aunque se utilicen computadoras que simplifican el trabajo o permitan alcanzar una mejor calidad técnica y estética».
Acerca de ese trabajo de producción, desde el punto de vista de la Egrem, la voluntad es aprovecharlo, pero «cuando se analiza el presupuesto de un año, no se puede dedicar todo a lo infantil».
En cuanto al estreno de un videoclip, Noguera insiste en que depende de varios elementos. «Nuestro medio de difusión “natural” es la televisión, a quien entregamos con regularidad las producciones terminadas y ellos se encargan de insertarlas en la parrilla televisiva».
LA PROMOCIÓN
Quienes crecieron en los 90 y los 2000 recuerdan con nostalgia títulos como Arcoíris Musical, Dando vueltas, El patio de Gabriela y Alánimo, que llevaban a las pantallas chicas canciones infantiles cubanas. Tampoco olvidan algunas de las piezas más populares del concurso Cantándole al sol, cuya promoción y popularidad se ha perdido con el paso de los años. Esos programas posicionaron temas y artistas entre el gusto de los niños, y convirtieron algunos en clásicos que perduran en la memoria popular.
En opinión de Félix León, locutor y director de radio y televisión, el decrecer en la cantidad y calidad de esos programas se debe a un tema de producción, pues para hacerlos es necesaria cierta logística en cuanto al montaje, que puede ser complicado ante la situación actual del país. Sin embargo, su creación debe ser una prioridad para los directivos de los medios.
No es que no existan en absoluto dichos espacios. Hoy tenemos algunos como Viva la música, TV Alegría y A la una, a las dos y a las tres, pero los materiales que abundan en ellos son producciones extranjeras. El canal digital, donde comparten señal Canal Habana y la programación infantil, incluye videoclips entre programas, la mayoría de ellos hechos en otros países. Así, los infantes terminan repitiendo palabras, expresiones y tradiciones que se alejan bastante de las nacionales.
Por otro lado, la radio siempre ha sido un medio priorizado por músicos de todos los géneros para la promoción de sus obras. Sin embargo, no es común encontrar programas dedicados a la música infantil cuando se mueve el dial.
Lo usual es que existan segmentos dedicados a los niños dentro de revistas y programas de variedades, asevera León. «Estos suelen insertar fragmentos de canciones y, muy raramente, piezas completas, en ocasiones de artistas cubanos. No contamos con suficientes programas dedicados a la difusión de la música infantil, y los que hay no funcionan realmente con este público». De ahí que resulte necesario hacer estudios para determinar los mejores horarios, temáticas y formatos que atraigan a los pequeños, pues de nada serviría producir la música y los programas para que no tengan impacto en sus destinatarios.
«Las instituciones cubanas, con muy pocos recursos y presupuestos, se esfuerzan para lograr una mayor presencia de productos infantiles con niveles artísticos muy elevados y acordes a nuestras realidades, pero falta apoyo y concurso entre las partes».
Debería existir mayor cohesión entre entidades para llevar a feliz término lo que, con tanto sacrificio y dedicación, nace en las mentes de buenos cubanos que quieren que nuestra infancia siga creciendo con los valores que necesita», declara Kiki Corona, un artista que durante más de 40 años de carrera cuenta con 35 discos, alrededor de 300 temas musicales y un solo videoclip.
Si tenemos creadores, instituciones, disposición para producir y promocionar música infantil con su necesario acompañamiento audiovisual, ¿qué esperamos para ofrecerles a nuestros niños productos artísticos que los hagan soñar?
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- Escrito por: Pedro de la Hoz | pedro@granma.cu
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Nadie se extrañe si revisa la repercusión de la telenovela en el mismísimo Brasil y encuentre un interesante contrapunto entre los altos índices de audiencia y la opinión de la prensa, incluso aquella que guarda nexos corporativos con Rede Globo
Juliana Paes (María) y Agatha Moreira (Jos), en Dulce ambición. Foto: Tomada de Lavibra.com
No hay que dar muchas vueltas al asunto. Donde quiera que se ha proyectado Dulce ambición ha contado tanto con fieles y seducidos seguidores como detractores. Así ocurrió tras su estreno en Brasil en 2019 y su paso por otras televisoras. Cuba no fue la excepción.
Los primeros constituyen una legión, en la que se debe diferenciar los que asumen a conciencia las reglas del juego telenovelero de quienes defienden el producto a capa y espada, como si en ello les fuera la vida, y no admiten siquiera el más mínimo rasguño.
Cuando el colega Yuris Nórido adelantó sus criterios antes del capítulo final, una lectora apostilló en los comentarios a la nota publicada en el portal Cubasí: «Yo disfruto mucho la novela. No ando buscándole errores. Es entretenida y ya está. Sufrí con Vivi y disfruté todo lo demás. En fin, las novelas brasileñas siguen siendo para mí, ¡las mejores! Aunque siempre los periodistas cubanos traten de criticarlas». Y otro dijo: «Si no le gusta, cambie de canal o apague el televisor».
Nadie se extrañe si revisa la repercusión de la telenovela en el mismísimo Brasil y encuentre un interesante contrapunto entre los altos índices de audiencia y la opinión de la prensa, incluso aquella que guarda nexos corporativos con Rede Globo.
La enganchada se debió, de acuerdo con especialistas en el funcionamiento del mercado audiovisual, a que, por un lado, gente común y corriente, con deseos de ascender socialmente, llevó el peso de historias populares –una campesina que triunfa en una gran urbe con recetas de la pastelería tradicional, un abogado buena gente, un joven que apuesta por la fuerza de sus puños para llegar al estrellato, una familia venida a menos que gana el premio gordo de la lotería–, mientras por otro asomaron, absolutamente naturalizadas, nuevas entidades del imaginario social: la inapagable vida sentimental y sexual en la tercera edad, las relaciones homoeróticas, la presencia cotidiana de las digital influencers y el género trans.
Un muy seguido bloguero paulista resumió: «A Dona do Pedaço (título original en portugués) cumplió su misión. Walcyr Carrasco (el escritor) marcó otro éxito propio y conquistó al público con una historia popular, sencilla, llena de personajes carismáticos y meramente escapistas. Fenómeno publicitario, explotó en audiencia y repercusión en las redes sociales».
Lo cortés no quita lo valiente. Llegar a las audiencias a toda costa tiene su costo cuando se hace de manera burda, tosca, subestimando a parte de esa audiencia. Los giros imprevistos e ilógicos de la trama, la folclorización del sicariato en el Sertao, el saqueo indiscriminado e irresponsable de conflictos y situaciones explotadas con mucha mayor eficiencia y propiedad en otras telenovelas, la estupidización de personajes impresentables y la inserción de subtramas colgadas a la cañona, hablan de una teledramaturgia mediocre.
Si no fuera por Juliana Paes yo mismo hubiera apagado el televisor; la actriz hizo creíble y digeribles los pasteles de María de la Paz. A unos cuantos probadísimos actores del elenco se les hizo muy difícil hilar los gruesos trazos de un escritor que, cuando ejerció crítica años atrás, fustigó lo que ahora suscribe, como guionista, con desfachatada impunidad.
Un punto a su favor. Si no fuera por la reveladora expresión que Agatha Moreira imprimió al rostro de Jos en el minuto final, me hubiera perdido el último capítulo. Fue como ver en pantalla una metáfora del fundamentalismo evangélico bolsonarista de estos tiempos en Brasil.